A un toque del milagro: Estoico, el caballo que te “salva” en los parciales

Cuando el saber y la memoria piden tregua, las supersticiones toman el control. Desde esquivar columnas hasta dar ofrendas a un caballo multicolor, cómo nacen y se transmiten esas tradiciones no escritas que prometen un poco de suerte antes de rendir.

Estoico en la calle principal de la UNLaM.

Por Matias Walsh*

Las universidades están marcadas por lo académico: docentes, carreras, materias, parciales, finales y notas que determinan si un estudiante aprueba o desaprueba. Sin embargo, también aparecen otras prácticas que no figuran en ningún programa ni reglamento... Rituales, supersticiones y cábalas acompañan a la hora de rendir, sin que exista una explicación concreta sobre por qué comenzaron a hacerse.

Un paseo de cábalas

En la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA) circula la historia de Winni, un gato cuyo acercamiento es considerado una señal de buena suerte. La tradición en la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS) gira alrededor de un toro dorado que los estudiantes tocan antes de rendir, mientras que en la Facultad de Derecho de la UBA existe la creencia de que contar las columnas de la fachada puede traer mala suerte y dificultar la llegada al título. Y, en la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM), una de ellas tiene como protagonista a un caballo pintado de múltiples colores.

Aunque cambien los objetos y las universidades, estas creencias forman parte de la vida cotidiana de muchos estudiantes y se transmiten de unos a otros. No importa tanto si se cree o no, porque muchas veces alcanza con hacerlo “por las dudas”. Así, cada universidad va construyendo sus propias cábalas.

El nacimiento de Estoico

El origen de la tradición en la UNLaM resulta imposible de determinar. La obra fue realizada por la artista Luti Vernet como parte de un trabajo relacionado con el polo y, tiempo después, hace más de diez años, llegó a la universidad ubicada en San Justo como una donación.

Nadie sabe quién fue el primero en tocarlo ni cómo comenzó a circular la creencia: “Fue uno que de la nada dijo ´lo toqué y me dio suerte´, y así empezaron a apropiárselo”, imaginó la artista sobre aquel primer estudiante. La incógnita queda abierta, pero el relato fue suficiente para que otros comenzaran a repetirlo. 

Vernet cuenta que llegó a conocer fotografías de alumnos que le dejaban manzanas y cartas al caballo, e incluso hubo una votación para darle un nombre y comenzar a personificarlo. Así nació Estoico, como los estudiantes decidieron llamar a la obra. Para la artista, ese proceso hizo que adquiriera un significado que originalmente no tenía: “El caballo no deja de ser un objeto. El otro le puso el valor, y el valor es la creencia colectiva que se armó”.

Pruebas

Entre los estudiantes de la UNLaM, la costumbre ya forma parte de las historias que circulan antes de los exámenes. Nazareno, alumno del Departamento de Ingeniería, conoce el relato y reconoce que toca el caballo “por si las dudas”. Tomás, estudiante de Economía, también lo tiene presente antes de rendir: “Hoy vi a un hombre rezándole a la Virgen antes de entrar a rendir, y ahí pensé en el caballo de la facu. Yo pienso en él antes de entrar”.

La experiencia de Tomás se refleja directamente en los números: un relevamiento entre más de 40 estudiantes universitarios muestra que el fenómeno no queda solamente en las historias que circulan dentro de las instituciones. La mayoría contestó que conocía alguna cábala, superstición o creencia relacionada con su universidad. También aseguraron que probablemente realizarían una cábala si un compañero les dijera que determinado objeto da suerte antes de un examen. Frente a la pregunta sobre si una cábala puede influir realmente en el resultado, las respuestas se repartieron casi por partes iguales.

Entre los estudiantes de la UNLaM, el caballo multicolor apareció reiteradamente entre las respuestas de quienes reconocieron alguna tradición de este tipo. Cuando hay que rendir, los apuntes ya no alcanzan y los pasillos sofocan, Estoico sigue firme, esperando a quienes buscan ese último empujón de suerte antes de enfrentarse a la hoja en blanco. 

*Estudiante de la Licenciatura en Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM), en el marco del Taller de Gráfica VI