Del templo al algoritmo: así conviven la fe, el tarot y la astrología entre jóvenes de La Matanza

Una encuesta realizada a personas del Distrito de entre 18 y 30 años muestra un escenario en el que creer en Dios convive con el horóscopo, el tarot o la carta astral. Las redes sociales también aparecen como una puerta de entrada a nuevas búsquedas espirituales, aunque los vínculos cercanos siguen ocupando un lugar central.

Religión, astrología, tarot y redes sociales atraviesan de distintas maneras las experiencias de los jóvenes consultados.

Por Brenda Limas*

¿Se puede creer en Dios y, al mismo tiempo, consultar el tarot o asistir a la iglesia y mirar el horóscopo? Para muchos jóvenes de La Matanza, no existe contradicción. Para otros, la fe supone límites claros.

Una encuesta anónima y voluntaria realizada para este artículo arrojó resultados que permiten acercarse a una realidad en la que la división entre “creyentes” y “no creyentes” resulta insuficiente: las formas de vincularse con la religión y la espiritualidad aparecen atravesadas por experiencias diversas y, en algunos casos, combinadas. 

Creer en Dios no siempre significa ser religioso

Según la encuesta, ocho de cada diez personas creen en Dios. Sin embargo, esa creencia no siempre se traduce en pertenencia religiosa: entre los jóvenes católicos, solo el 20 por ciento se definen como practicantes, mientras que uno de cada dos consultó alguna vez en el horóscopo, recurrió al tarot o se realizó una carta astral.

Los números no implican que todos consideren esas prácticas como parte de una experiencia espiritual, pero sí muestran que forman parte del recorrido de una cantidad significativa de los jóvenes encuestados. “Creer en una cosa no inhabilita la posibilidad de creer en otras”, sostuvo uno de los participantes. A su vez, otro de los encuestados planteó exactamente el límite contrario: “Si tengo mi fe en Dios pero voy y le consulto a una tarotista, mi fe no está completamente en Dios”.

Dos respuestas que exponen una de las principales tensiones del relevamiento: mientras algunos construyen sus creencias combinando distintas experiencias, otros consideran que determinadas prácticas resultan incompatibles entre sí.

La espiritualidad también aparece en el algoritmo

Las redes sociales sumaron un nuevo escenario a estas búsquedas. El 63 por ciento de los jóvenes mencionaron Instagram como una de las plataformas en las que encuentran contenido relacionado con religión, espiritualidad, astrología o nuevas creencias, mientras que TikTok reunió el 25 por ciento y Facebook, el once por ciento.

Además, ocho de cada diez jóvenes aseguraron consumir este tipo de publicaciones al menos ocasionalmente. El algoritmo puede acercar en segundos una tirada de tarot, la interpretación de un signo zodiacal, una carta astral o una reflexión religiosa. Sin embargo, la pantalla pierde protagonismo cuando aparece un problema personal.

Si bien la espiritualidad circula por los celulares, los vínculos cercanos todavía conservan un peso central a la hora de buscar orientación: la familia y los amigos también aparecen como los principales espacios de referencia y contención.

Entre la Iglesia y otras formas de pertenecer

La relación con las instituciones religiosas también muestra matices: casi el 60 por ciento señaló que forman parte actualmente de una comunidad católica; no obstante, el 30 por ciento dijo no pertenecer a ninguna. Esto lleva a una participación concreta todavía más despareja: el 52 por ciento afirmó no asistir nunca a actividades religiosas, mientras que el resto señaló hacerlo con diferente frecuencia.

Para el cura matancero Raúl Rodríguez, miembro de la comunidad Jesús Buen Pastor, que realiza retiros espirituales en el colegio Don Bosco, el vínculo actual entre los jóvenes y la Iglesia es “variopinto”. Según explicó, existe “distancia, hay lejanía” respecto de la institución, especialmente frente a temas relacionados con la sexualidad y las elecciones personales. Pero esa distancia no significa necesariamente que haya desaparecido la búsqueda de algo trascendente.

Buscan sentido y sentirse parte”, resumió Rodríguez. Esa necesidad de pertenencia, agregó, también puede encontrar respuestas fuera de una institución religiosa: en los grupos de amigos, el deporte, la música o las causas sociales. 

Espirituales, pero no religiosos

Casi el 40 por ciento se identificaron como “espirituales pero no religiosos”, mientras que solo el uno por ciento de los entrevistados sostuvo que religión y espiritualidad son lo mismo aunque reciban nombres diferentes. El tarot y la astrología aparecen en ese recorrido, más allá de que Rodríguez evite ubicarlos automáticamente dentro de la categoría de espiritualidad. “No sabría si es espiritualidad, tendría que conocerlo más”, planteó.

También relativizó la idea de que internet haya reemplazado a los espacios tradicionales como principal lugar de búsqueda espiritual. La pantalla puede conectar, mostrar experiencias e instalar preguntas, pero no necesariamente reemplaza los vínculos y espacios de pertenencia que se construyen fuera de ella.

Una generación que arma su propio mapa de creencias

Uno de los datos de la encuesta resume buena parte del fenómeno. Frente a la posibilidad de creer en diferentes cosas al mismo tiempo, nueve de cada diez personas expresaron una posición afirmativa o favorable, aunque algunas plantearon matices. Un cinco por ciento se manifestó en contra y el resto expresó dudas o posiciones intermedias.

La encuesta permitió concluir que los jóvenes de La Matanza realizan un recorrido católico menos tradicional, sin abandonar del todo la religión ni reemplazarla por nuevas espiritualidades. Para algunos, Dios, la Iglesia o la astrología pertenecen a universos incompatibles. Para otros, pueden formar parte de una misma búsqueda.

Quizás, entonces, la pregunta ya no sea solamente si los jóvenes creen, sino cómo construyen aquello en lo que creen. Entre el templo, una carta de tarot y el algoritmo de una red social, la búsqueda de respuestas no desapareció, sino que cambió de formas, espacios y recorridos.

*Estudiante de la Licenciatura en Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM), en el marco del Taller de Gráfica VI