Salud mental: la importancia de la atención integral y el acompañamiento de los pacientes

Al aire de Radio Universidad, Karin Kopitowski, especialista en Medicina Familiar y docente de la UNLaM, analizó los síntomas de la depresión y los casos recurrentes en los consultorios.

Por Karin Kopitowski*

Hay sensaciones que son universales y no necesariamente son enfermedades. Pero la tristeza, el duelo, la preocupación y la depresión ya son otra cosa.

Para diagnosticar a una persona con depresión se deben reunir una serie de criterios. Entre ellos podemos mencionar el tiempo que hace que la persona está triste, las ganas de no hacer nada, la incapacidad de disfrutar de las cosas, el llanto fácil, los problemas con el peso o con el sueño. Si el paciente tiene todos estos criterios, entonces estamos hablando de una depresión. Esto no es algo lineal: cuando hablamos de perdurar en el tiempo, estamos hablando de meses.

No debemos banalizar la palabra "depresión", ya que es algo que requiere de un diagnóstico y posterior trato correcto de la enfermedad. Muchas veces, en los consultorios de los médicos clínicos, el paciente nos manifiesta estar cansado, pero indagando un poco más nos damos cuenta de que en realidad está deprimido.

Síntomas de la depresión, un diagnóstico recurrente en la salud mental

El síntoma más común detrás del cual muchas veces hay una depresión es el cansancio: el paciente manifiesta estar cansado y, si uno indaga y le pregunta si está triste, se le llenan los ojos de lágrimas. También está la llamada anhedonia, en que el paciente refiere que no hay nada que le dé placer.

Todo eso debe encender la alarma de la depresión. Porque, si bien no todos los síntomas son iguales, puede presentarse la idea del suicidio. De alguna manera, esa persona está pensando en la muerte y nosotros lo debemos descubrir.

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En general, la persona que siente estar deprimida directamente consulta al área de salud mental. Pero muchas veces ocurre que el tipo de paciente que nos viene a ver a nosotros no acepta el diagnóstico o está muy convencido de que tiene otra cosa, por eso concurre al médico de familia o médico clínico.

Quizás se siente tan mal que no puede creer que algo que no tenga correlato en un análisis sea una enfermedad. Hay personas que hasta se decepcionan de que los resultados estén bien. Por eso resulta mucho más fácil tratar una anemia que una depresión.

Podemos encontrarnos con todo tipo de casos: está el que se da cuenta y a lo mejor le da cierta vergüenza porque lo interpreta como una debilidad de carácter, y después está aquel que está convencido de que algo le saldrá en sus análisis porque se siente tan mal que está seguro y se lleva una decepción cuando en el análisis no sale nada.

En medicina familiar, decimos que tenemos que redefinir el problema y decírselo al paciente en positivo. A veces, la persona tiene la concepción de que de esto puede salir sola y, si bien cada caso es distinto, a veces el tratamiento puede incluir fármacos. Ese medicamento funcionará como un analgésico mientras va trabajando en profundidad o haciendo la derivación al especialista correspondiente.

*Referente de la asignatura Medicina General de cuarto año de la carrera de Medicina de la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM) y especialista en Medicina Familiar