Prevención del suicidio: “No vemos campañas nacionales”
Desde la Asociación Argentina de Salud Mental advirtieron que la situación es de “enorme gravedad”, cuestionaron la falta de estrategias nacionales sostenidas para la prevención y denunciaron una falta de desarrollo de políticas públicas acordes.
Por Eileen Cuttier
Cada 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, una fecha que busca promover la conciencia sobre una problemática que constituye una de las principales preocupaciones de salud pública a nivel global. En Argentina, la discusión adquiere especial relevancia ante el crecimiento de los casos registrado durante los últimos años y los reclamos de distintos sectores por una mayor inversión en prevención y atención en salud mental.
En diálogo con El1, el presidente honorario y miembro fundador de la Asociación Argentina de Salud Mental (AASM), Dr. Alberto Trimboli, aseguró que “se observa una ausencia de la Dirección Nacional de Salud Mental y del Ministerio de Salud de la Nación en el desarrollo de políticas públicas destinadas a la salud mental y, particularmente, a la prevención del suicidio”. “No vemos una inversión acorde con la magnitud del problema ni una política pública integral que permita abordarlo”, señaló.
Una cifra que enciende las alarmas
La preocupación encuentra respaldo en los datos oficiales y fue expresada por la AASM en un reciente comunicado. Según informes del Observatorio de Política Criminal elaborados a partir de estadísticas del Ministerio de Seguridad de la Nación, Argentina registra una tasa de 11,8 suicidios cada 100.000 habitantes, la más alta de la serie histórica nacional. Además, el indicador supera el promedio mundial estimado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Para Trimboli, estas cifras deben convertirse en un llamado de atención para la sociedad, y la salud mental no puede ser un privilegio reservado para quienes pueden pagarla porque es un derecho al cual todos deben poder acceder. "Los datos deberían interpelarnos profundamente. No para generar alarma, sino para transformar la preocupación en políticas públicas concretas”, sostuvo.
Además, detalló: "Se requiere fortalecer el sistema público, la atención primaria de la salud, los centros barriales y territoriales, los servicios de salud mental en hospitales generales, los dispositivos comunitarios, los hospitales de día, los centros de día, los dispositivos para situaciones de crisis y los equipos interdisciplinarios".

Las dificultades para el acceso a la salud mental
En línea con los planteos que realizan la OMS y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el Dr. Trimboli destacó que la salud mental no puede analizarse de manera aislada de las condiciones sociales en las que viven las personas. En ese sentido, mencionó factores como la incertidumbre laboral, la precarización, el endeudamiento, la marcada desigualdad territorial, las dificultades para acceder a una vivienda, las distintas formas de violencia y el debilitamiento de los vínculos comunitarios.
De acuerdo con la AASM, otro de los principales desafíos radica en garantizar que quienes necesitan atención puedan acceder efectivamente a ella. Según explicó Trimboli, muchas personas encuentran obstáculos que van desde largas demoras para conseguir un turno hasta problemas económicos o geográficos para sostener un tratamiento. “De poco sirve decirle a alguien que debe pedir ayuda si después no consigue un turno hasta dentro de seis meses, no encuentra un servicio cercano o no puede pagar un tratamiento”, planteó
Prevención, inversión y responsabilidad colectiva
Desde la Asociación Argentina de Salud Mental cuestionaron, además, el bajo nivel de inversión destinado al sector. La Ley Nacional de Salud Mental establece que el diez por ciento del presupuesto sanitario debería orientarse a este tipo de políticas y explicaron que actualmente se destina poco más del 1,5 por ciento. “Frente a la magnitud del problema, la respuesta del Estado nacional resulta prácticamente nula”, denunció.
El Dr. Trimboli también sostuvo que la prevención del suicidio no puede limitarse únicamente a la formación de profesionales y consideró necesario desarrollar campañas permanentes de sensibilización, ampliar los dispositivos de atención y consolidar redes comunitarias capaces de acompañar a las personas que atraviesan situaciones de sufrimiento.
Finalmente, destacó el papel que cumplen los medios de comunicación al abordar la temática. Según explicó, una cobertura responsable puede contribuir a la prevención si evita la espectacularización de los casos, no simplifica sus causas y ofrece información útil sobre dónde buscar ayuda. “Quizás el mensaje más importante sea este: el suicidio es prevenible, pero su prevención es una responsabilidad colectiva”, concluyó.
