Antonio Carrizo, el locutor que hizo escuela

El 15 de septiembre se conmemora el centenario de su nacimiento. Amigos y allegados encabezarán un homenaje en Radio Nacional. “El Flaco”, “Toni” o “Maestro”, como le decían, fue gravitante en la evolución de los medios de comunicación. Su paso por Radio El Mundo y Radio Rivadavia marcó a generaciones de profesionales.

Por Daniel Artola

Maipú 555. La calle es angosta, bien del microcentro porteño, pero a mitad de cuadra sobresale un edificio, que no es cualquiera. Tiene un estilo señorial, casi como el de una catedral. Y no es exagerada la comparación. Porque en esas paredes levantadas en los años 30 del siglo pasado se creó Radio El Mundo, de la Editorial Haynes, un verdadero emblema de lo mejor de la radiofonía argentina. Desde hace más de tres décadas funciona allí Radio Nacional y la construcción -se conserva intacta- fue inspirada a imagen y semejanza de la BBC de Londres; la mayoría de las radios funcionaban en lugares improvisados.  Y sí, era una catedral. Números en vivo, público, orquestas y cantantes internacionales. Todo el mundo pasaba por El Mundo. Pero un día entró para hacer una prueba un muchacho de General Villegas, flaco, alto, con buen decir gracias a las clases de declamación que pagaba su mamá y a los libros que devoraba con frenesí en la biblioteca del pueblo.

Era Antonio Carrizo (15 de septiembre de 1926- 1 de enero de 2016) que con apenas 21 años leyó un texto breve y quedó para hacer suplencias, leer avisos en vivo y luego crecer a fuerza de lecturas, y de inquietudes como locutor profesional. Se salió del libreto porque en esos tiempos estaba todo guionado y grandes locutores le ponían su voz a la partitura de otro.   Carrizo dio un paso más y le imprimió su personalidad, su improvisación, su sentido lúdico del oficio. Para dar ese salto se abrazó a los libros, al respeto por el oyente y supo conciliar la alta cultura con el sentir popular. Carrizo era hincha de Boca y como locutor y conductor jugó en toda la cancha. Borges y Maradona, al mismo tiempo. Con el escritor hizo una serie de entrevistas para radio y televisión que son joyas periodísticas. 

“Toni” entró en los años 50 a El Mundo y protagonizó una etapa brillante de esa emisora que era líder, el ejemplo del buen decir y hacer, la profesionalidad cuidada al extremo. Pero llegó la televisión y ese formato de la radio espectáculo sufrió un sacudón: “La radio va a morir”, anticiparon los tremendistas, pero no, ahí estaba Carrizo para encontrarle la vuelta.

La mudanza de radio

Arenales 2467. Era un petit hotel devenido en radio, pero luego se convertiría en otra catedral de la comunicación. Antonio Carrizo debutó en Radio Rivadavia con “La vida y el canto” en 1971. Los mediodías no fueron iguales para millones de oyentes. Junto a Cacho Fontana (inventor del magazine de la mañana), José María Muñoz y Héctor Larrea armaron la radio informativa, de conversación y opiniones. Una revolución en el aire. La tan temida muerte de la radio quedó en la nada.  Fútbol, noticias, espectáculos, tangos, pasos de comedias. Rivadavia fue por décadas un Aleph, todo pasaba en ese punto del dial, AM630. Carrizo allí protagonizó con Jorge Luis Borges una serie de charlas antológicas, una conversación de sabios. Además, Toni inauguró las transmisiones de Canal 13 el 1 de octubre de 1960 y tuvo un paso exitoso por la pantalla con “Sábados continuados “en el canal 9, por ejemplo, o el ciclo de entrevista “Los grandes” en el viejo canal 11 y ATC. También, su histrionismo lo llevó a trabajar en el ciclo humorístico “El Contra” con Juan Carlos Calabró, entre tantos programas.

 Se dio tiempo para el ajedrez (conoció a Bobby Fischer), forjar la amistad con el gran actor Vitorio Gásman, reunirse con la barra de Villegas y ser delegado cultural en la embajada argentina en España. Mil vidas y una voz: firme, clara, altisonante, que sabía bajar decibeles para generar intimidad con el oyente, o los “oyentitos” como los llamaba.

“Contengo multitudes, vida de Antonio Carrizo”, una biografía de Emiliano Betanzo

Emiliano Betanzo (General Villegas, 1988) aclara que no es escritor, que es abogado, y con esa salvedad presenta la biografía que escribió sobre Carrizo, también de Villegas, pero a quien no conoció. Solo supo de él por referencias de gente que lo trató. “Nunca me lo crucé. Sentí la necesidad de hacer la biografía porque era mucho más que un locutor, es una especie de objeto cultural, una forma de ser argentinos”.

En diálogo con Julio Lagos en “La radio sos vos”, Betanzo expresó: “Me pareció muy interesante la vida de Antonio. Uno no puede decir que solamente fue un locutor, sino que fue un hombre de la cultura, mucho más complejo.  Empecé a investigar sobre su vida y me pareció muy importante volver a traerlo”, detalló durante la entrevista en el programa (sábados, a las 17, por el canal @lagosradios en YOUTUBE).

En ese sentido, Lagos, quién prologó la biografía y fue amigo de Carrizo agregó: “Este libro rescata imágenes de la vida profesional de “El Flaco” en los estudios de las radios, primero Radio El Mundo y después, en Radio Rivadavia; fue el número uno en las dos emisoras, pese a que eran distintas. Radio El Mundo, sin duda la mejor radio de la historia, llena de detalles de alto vuelo cultural y después, cuando se pasó a Radio Rivadavia, la radio popular, él fue siempre el número uno”.

Durante la charla se abordaron otros aspectos de la vida e intereses de Carrizo. “Me pareció un nombre muy complejo, porque no le interesaba solo la radio, la locución, la televisión, sino también el deporte, los libros, el ajedrez. Fue el presidente de la Federación de Ajedrez y muy amigo de Body Fisher, el gran campeón norteamericano”, subrayó Betanzo.

Carrizo fue un bibliófilo que consiguió ediciones históricas y perlas de colección.  Donó al Instituto Belgraniano cartas escritas de puño y letra por Manuel Belgrano. “En la década del ‘70, compró un cuaderno que en ese momento no se sabía si era original de Belgrano y lo sometió a una pericia y resultó que era la letra original del prócer”. Paradojas de la vida, su amplísima biblioteca llena de libros “incunables” sirvió para solventar su dura y larga enfermedad.

Entre aviso y aviso, a leer al bar

“Cuando él llega de Villegas a trabajar a Radio El Mundo, hacía lo que se llamaban quioscos. El quiosco era que tenía que leer un aviso en vivo a las tres de la tarde y el otro, a las 9 de la noche. ¿Y en el medio qué hacía? “El Flaco” se iba al bar de la esquina a leer. Y claro, era el flaquito que venía de Villegas y estaba ahí leyendo. Entonces, los compañeros lo tomaban a broma. Y Carrizo me dijo: ‘Giles, no sabían que yo me estaba preparando para cuando llegara la oportunidad’. En Radio El Mundo todo se leía. Todo estaba escrito. Decía locutor tal cosa: ‘Señoras y señores, muy buenas tardes. Aquí comienza un nuevo programa de melodías’. Eso tan obvio había que leerlo y estaba el jefe de transmisión que lo firmaba y se ponía en un buzón de radiodifusión. Era así todo, pero, si llegaba de visita un pintor, un filósofo, un gran músico, había que hacer algo, y temblaban todos. Y qué decían: ‘Que lo haga “El flaco” que habla sin papeles’”, explica Lagos, quien estuvo muy cerca del locutor, inclusive en su enfermedad, junto con otro amigo, “El Gallego Héctor Muleiro”.

A Carrizo se lo recuerda como un buen amigo, generoso, de manos abiertas para ayudar a alguien en apuros, que se ponía a la par de sus compañeros. Lejos estaba de jactarse del lugar que ocupaba en el podio de la profesión.

El primer libro que cayó en mis manos -no recuerdo cuál fue- me despertó una vocación irrefrenable por la lectura”, sostuvo Carrizo, en una cita que se incluye en el capítulo 4 de “Contengo multitudes”. 

A lo largo de la biografía aparece Carrizo hablando en primera persona y pese a que le decían “El Flaco”, “Toni” y otros derivados, siempre la cayó bien el sayo de “Maestro”, pese a su humildad.  

Su paso por la UNLaM

De manera frecuente era convocado por instituciones educativas para dar charlas a alumnos de carreras de periodismo y locución.

Antonio Carrizo fue invitado por la Universidad Nacional de La Matanza. En la biografía de Betanzo se coloca un testimonio sobre su participación ante alumnos de la carrera de periodismo. Estuvo acompañando por su hija, Blanquita, profesora de Antropología.

“Le pregunté. “Te gustó la clase que di?” y ella me contestó: “Papá no diste una clase, diste una charla” “¿Y cuál es la diferencia?”, le pregunté. “Cuando das clase, tenés que dar bibliografía: como dice Fulano en tal libro, etcétera”. Y yo le respondí con una frase que le gustaba al mariscal de Napoleón: “Lo que pasa es que mi bibliografía soy yo”.  Tenía razón.

“Vení, nene”

Ricardo Guazzardi fue compañero de Carrizo en Rivadavia, donde condujo “La Revista” o, desde hace años lleva adelante “El sillón de Rivadavia”. La vereda de la emisora era una extensión del edificio, por esa cuadra se respiraba radio.

El diálogo con El1, Guazzardi recuerda de “Toni” su “boina negra, su fanatismo por la lectura, los reportajes a Borges y muchas cosas más”. Además, pinta al Carrizo cotidiano que se iba al bar de la esquina de la emisora en Arenales y Uriburu a charlar con amigos luego del programa.

“Yo estuve muy cerca de Antonio en la época de “La vida y el canto”. Me pedía que hiciera una página divertida, no sé si yo soy divertido, pero él consideraba que yo era divertido. La cosa se complicaba porque una vez terminado el programa me decía: ‘Vamos a tomar café’. Yo firmé con la radio un convenio para hacer “El sillón de Rivadavia”, después de “La vida y el canto”. Cuando salía a las 5 de la tarde, todavía Antonio estaba charlando con amigos, como Yuyo Gauna, de tango. Como mi estacionamiento estaba pasando por la puerta del bar, Antonio gritaba: “Vení nene”, yo me sentaba a escucharlo porque hablaba solo”, evoca.

De Buenos Aires a Madrid

Guazzardi destaca otro capítulo de la polifacética vida de Carrizo fue su paso por España.

“Él fue agregado cultural en la Embajada Argentina en España en el gobierno de Carlos Menem (1992). Y entonces empezábamos a discutir: ‘¿Está aceptada esta palabra? No, no está aceptada. ¿Esta está aceptada? Sí, esta está aceptada. ¿Bolonqui está aceptada? No, no, Bolonqui no se dice, se dice quilombo’”. El conductor de “El sillón de Rivadavia” acompañó a Carrizo, como otros amigos y allegado, durante su larga enfermedad hasta su muerte.

“Vinieron los tiempos más difíciles, su enfermedad y la enfermedad de su esposa Alicia, con quien tuvo dos hijos: Blanca y Pepe. Esa enfermedad parecía pasar, porque lo atendieron los mejores médicos, pero se complicó.  Después de la operación de corazón, estaba casi perfecto, pero tuvo un ACV”, recuerda.

Carrizo pasó sus últimos años internado en su casa al cuidado de enfermeras las 24 hora del día, los siete días de la semana. “No era el Toni que yo había conocido, era muy duro verlo”, define Guazzardi, a quien le tocó conducir un homenaje que Radio Rivadavia le hizo a Carrizo en General Villegas. Ambos locutores estuvieron unidos, también, por la conducción del acto del Papa Juan Pablo II en el Mercado Central, en 1987.  “Antonio Carrizo, lector, historiador, memorioso empedernido, divertido, gracioso, fundamentalmente locutor. Toni, para mí, Toni, para los amigos”, concluyó Guazzardi.

En tanto, días atrás, el Rotary Club de General Villegas inauguró un espacio en la plaza dedicado a Carrizo.  “Será un lugar vivo para la lectura, la conversación y el descanso”, señalaron.  Los homenajes seguirán el martes 15 en Radio Nacional y en cada oyente y colega que lo recuerda con afecto y admiración. La vida y el canto, la vida y la radio, la vida y Antonio Carrizo.  

Data:

Homenaje a Antonio Carrizo, a cien años de su nacimiento.

Lugar y hora: Radio Nacional, Maipú 555, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a las 17, en el auditorio de la emisora. Entre otras actividades presentará el libro “Contengo multitudes, vida de Antonio Carrizo”, una biografía de Emiliano Betanzo.