“Don Segundo Sombra”: reeditaron la primera edición con el formato y las tipografías originales
A cien años de la publicación del clásico de Ricardo Güiraldes, la poeta y ensayista Ivonne Bordelois, prologuista del libro homenaje, destacó que “el gaucho aparece no como víctima, no como victimario, sino como maestro”.
Por Daniel Artola
La novela maestra “Don Segundo Sombra”, de Ricardo Güiraldes, cumplió en 2026 cien años de su aparición. A modo de homenaje, la Universidad Nacional de San Antonio de Areco (UNSAdA), el Museo Ricardo Güiraldes y la Intendencia publicaron una edición especial con el formato, el papel y las tipografías y colores que se aplicaron en la original de la imprenta Francisco Colombo.
El libro llegó a vender 250.000 ejemplares y significó una mirada distinta del gaucho. Cerró la saga de personajes similares como Facundo, Martín Fierro y Juan Moreira. En diálogo con Eco de radio por Radio Universidad, la poeta y ensayista Ivonne Bordelois, prologuista del libro homenaje, destacó los valores morales de Don Segundo Sombra y su relación de maestro e inspirador del joven huérfano Fabio Cáceres, quien toma al resero como guía en la vida rural de la pampa de principios del siglo pasado.
Además, la escritora destacó la gravitación de Güiraldes en la literatura argentina pese a su precoz fallecimiento un año después de la publicación de su libro cumbre.
¿Qué significó participar en este proyecto?
Fue una iniciativa muy lograda de dos fuerzas mancomunadas en San Antonio de Areco. Pensaba que es muy difícil que dos instituciones se entiendan para llevar a cabo algo tan delicado y complejo como fue esta edición. Aquí colaboraron fuertemente tanto el Museo Ricardo Güiraldes, la Universidad de Areco y la Intendencia. Hubo una comprensión en toda la comunidad de que era necesario el homenaje al autor y a la primera aparición de ese libro tan célebre y clásico que es “Don Segundo Sombra”.



¿Cómo es la edición especial para celebrar el centenario?
Tengo el libro ahora en mis manos y es hermosísimo. Uno piensa cómo se editaba hace un siglo... Ahora, se hicieron muchos ejemplares, pero solamente hay cien que están cosidos a mano. Recién miraba el video donde se ve a la persona que está cosiendo a mano uno por uno los cuadernillos, que requiere de un cuidado y una especie de devoción especial.
La historia es muy linda porque Francisco Colombo, que es el primer impresor en 1926, había editado previamente “Rosaura”, que fue una novela anterior de Güiraldes que tuvo poca repercusión. El escritor pensó también en Colombo para Don Segundo Sombra porque había quedado muy satisfecho con el trabajo que había hecho. Güiraldes fue sobrio en sus expectativas y decidió que él iba a pagar mil ejemplares. Pero Colombo leyó el primer capítulo y dijo: “Si el resto del libro tiene la misma calidad que el primer capítulo, yo pongo otros mil ejemplares”. La primera edición ya salió con dos mil ejemplares, que era algo bastante excepcional para la época.
1926 fue un año muy interesante para la literatura porque también salió Roberto Arlt con “El juguete rabioso”...
Claro, sale Roberto Arlt y también el mismo año y en la misma imprenta de Colombo sacó Jorge Luis Borges “El tamaño de mi esperanza”. Es muy interesante porque, si uno se pone a mirar lo que hace Güiraldes narrativamente como novela, lo hace de alguna manera Borges desde el punto de vista teórico, porque su libro es un conjunto de artículos ya publicados.
Se esboza una teoría que venía a ser como el neocriollismo, es decir, una manera de renovar el criollismo desde un punto de vista que se ilumina y se nutre de las perspectivas que traían tanto Borges como Güiraldes de Europa: introducían elementos de la vanguardia.
Güiraldes tuvo un éxito resonante y Borges, no. El autor de “El Aleph” llegó a retirarlo incluso de sus Obras Completas en un momento dado porque estaba disconforme. El que lideraba la vanguardia no era Güiraldes, era Borges, que tenía un papel muy fundamental en el periódico “Martín Fierro” y a él le dolió mucho este fracaso.

¿Cuál es la particularidad de Don Segundo Sombra? Porque usted hace en el prólogo una enunciación y habla de Facundo, Martín Fierro y Juan Moreira. ¿Qué los diferencia de Don Segundo Sombra?
Es una teoría que ha sido bastante trabajada por autores previos a mí. “Facundo”, todos sabemos, es el gaucho sanguinario, el gaucho cruel, que muere también en su ley, muere también de manera sangrienta. Después tenemos “Martín Fierro”, que es el gaucho desertor, el gaucho víctima, el gaucho que tiene que huir. Después está “Juan Moreira”, que es el gaucho de folletín, el gaucho satírico, digamos. Entonces nos faltaba un gaucho que tuviera una imagen moral.
Hay que ver el contexto social y cultural en que sale “Don Segundo Sombra”. Y es un momento que hay una avalancha de inmigrantes. Buenos Aires estaba como perdiendo su norte cultural porque era tal la afluencia de gente que hablaba otra lengua y tenía otra cultura que había como una pérdida de lo nacional de algún modo. Y, entonces, lo interesante fue que Güiraldes se aproxima con una propuesta inesperada, pero él lanza la figura del gaucho, que es una figura ya anacrónica en ese momento.
El gaucho aparece no como víctima, no como victimario, sino como maestro, porque Don Segundo Sombra, en su sobriedad, en su austeridad, en su independencia, representa un nuevo tipo de hombre. A ese modelo se puede aferrar un argentino que estaba como perdido entre los descomunales avances de la inmigración.
Percibo a Sombra como a alguien que enseñaba con sus formas y gestos más que con las palabras al joven huérfano Fabio Cáceres...
Es muy lindo lo que usted dice, porque efectivamente se muestra el manejo muy especial e ingenioso, más que ingenioso, sabio que tiene Güiraldes del silencio. Las cantidades de veces que habla Segundo Sombra son muy pocas.
El libro sugiere en los gestos, en la manera de cabalgar, en la manera de intervenir en todos los sucesos. Se dibuja una figura fuerte y robusta que busca de Cáceres que absorba la sobriedad, la austeridad y fortaleza que hay que tener para vivir a la intemperie en la pampa.
Hay una frase final muy recordada en la novela, cuando cambia el destino de Cáceres y este dice que se va “como quien se desangra”...
Siento como que el personaje piensa que esa vida que se le aparece ahora, que es la vida del patrón, la vida del que ya tiene el poder, el dinero, no va a ser compatible con esa filosofía que ha heredado de su padrino.
¿Recuerda cuando leyó por primera vez la novela?
Bueno, yo tengo más de 90 años, así que me lleva demasiado atrás. No lo recuerdo, la verdad, pero sé que es un libro que andaba en casa junto con “Martín Fierro”. Siempre me impresionó que el libro se desarrolla horizontalmente, no tiene un nudo dramático en el medio. Pero me parece que lo lindo de ese libro es el ritmo.
Cuando yo era niña, presencié muchas veces arreos de ganado. Y ese libro me parece que es un gran arreo: con el ritmo de su lenguaje, Güiraldes nos va arreando a través de esa pampa antigua, pero maravillosa, que parecía una metáfora del infinito y con el ritmo cansino de los caballos.
¿Qué influencia tuvo la esposa del escritor, Adelina del Carril, en su obra?
No sólo fue la mujer de su vida, sino que fue la mánager, fue la que lo impulsó a escribir. Sin ella, creo que el Segundo Sombra no se acababa. Porque lo que tenía Ricardo es que tenía épocas de absoluto desprendimiento de su tarea. Había nacido en una familia muy rica, era un niño bien.
Los primeros capítulos los escribió en París, pero los tenía que acabar en La Porteña, en San Antonio de Areco. Y ahí lo que le gustaba a Ricardo no era escribir, era bajar a la cocina de los peones y ponerse a guitarrear y escuchar los cuentos de los peones. Y, entonces, aparecía Adelina para recordarle que tenía que terminar la obra. Era una mujer muy sabia y hermosa. Yo la llegué a conocer ya de muy mayor y tenía unos ojos maravillosos. La pareja se conoció bailando tango. Güiraldes se había hecho fama en París como maestro de tango.
¿Qué peso tiene Don Segundo Sombra en la actualidad?
La gente no calibra con claridad lo que significó ese libro. La figura de Borges es tan omnipotente que ha sepultado el brillo de Güiraldes. Desde que se publicó en 1926 hasta 1962, fue el libro más leído con un total de 250.000 ejemplares vendidos. Y lo interesante es que Borges amanece a la gloria universal recién en 1962, cuando recibe el premio Formentor. La gente cree que estuvo Borges desde el principio, pero Güiraldes estuvo primero, mucho tiempo, en el centro de la literatura.
