Ricardo Gareca, de La Matanza al Mundial de Rusia

Nacido y criado en Tapiales, el Tigre consiguió conducir al equipo que le devolvió la alegría al pueblo de Perú tras 36 años sin participar en el máximo campeonato de fútbol. Historia de un matancero que quedará en los corazones peruanos.

Imagínense la felicidad y algarabía que tenía ese pueblo peruano anoche que, tras el primer gol de Jefferson Farfán, el detector de sismos de Lima reveló movimientos y encendió las alarmas. Y ni hablar tras el segundo tanto, el de Christian Ramos, que llegaba para cumplir un sueño pendiente desde hace más de tres décadas.

Figúrense la magnitud del logro de vencer por 2-0 a Nueva Zelanda, por el segundo encuentro del repechaje para Rusia 2018, que el Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo peruano decretó feriado para celebrar la clasificación al Mundial de fútbol, ese al que volverá después de 36 años.

Y uno de los protagonistas estelares de este hito en el deporte del país incaico es Ricardo Alberto Gareca, el Tigre, ese que inició sus sueños de futbolista en su barrio...

El Flaco nació el 10 de febrero de 1958 en Tapiales, La Matanza. Y fue en el club Juvencia donde comenzó a experimentar esa hermosa sensación de jugar con la pelota. Sin embargo, ese goleador que pasó por Boca y River en cuestión de días, siendo uno de los pases más resonantes del fútbol argentino, se inició como arquero.

Alumno de la Escuela N°2 de Tapiales, el niño Gareca defendía el arco de Juvencia en los torneos que se disputaban en los clubes El Fortín, Los Muchachos, El Cultural, Aldo Bonzi… Pero a los 12 años, se fue a probar a Boca Juniors, lo hizo como delantero y quedó.

A fines de 1978 debutó frente a Rosario Central, en Arroyito. A la temporada siguiente marcó su primer gol como profesional frente a All Boys. De ahí en más, se convirtió en el Tigre del gol, vistiendo las camisetas de Boca, Sarmiento de Junín, River, América de Calí, Vélez e Independiente, club en el que se retiró siendo campeón y con casi 200 goles en la valija.

Vivió en Tapiales hasta 1985, cuando fue a probar suerte a Colombia. A su regreso se instaló en Mataderos, pero siempre vuelve al barrio, donde le quedaron los mejores amigos y los imborrables recuerdos de la infancia, adolescencia y juventud.