Nuevas Raíces: Uzbekistán, legado soviético y salto Mundial

A base de recursos e inversión, el país exmiembro de la vieja Unión Soviética alcanzó su primera clasificación a una Copa del Mundo después de casi 30 años.

Mundial 2026

Algunos por naturaleza, otros por recursos. El mérito y el resultado es el mismo. Así como del lado de Cabo Verde, que con pocas posibilidades exprimieron al máximo su potencial en el corto plazo a través de proyectos de desarrollo, hay otros a los que las oportunidades se les caen de los bolsillos. Cuando el fútbol se entiende como un todo, más allá del deporte y del entretenimiento, se puede tornar una política de Estado. En esta segunda entrega de Nuevas Raíces: Uzbekistán. El país de Asia Central metió a su región por primera vez en un Mundial y hace ruido entre los futboleros.

Quizás el aumento del número de participantes en la Copa del Mundo a disputarse en Estados Unidos, México y Canadá entre junio y julio ayudó a darle un protagonismo que, de otro modo, hubiese tardado algunos años más en llegar. Puertas hacia dentro, poco importa eso, teniendo en cuenta los esfuerzos y la inversión realizada. Y claro, los análisis no tardaron en llegar: ¿qué es Uzbekistán? ¿Se juega al fútbol ahí? ¿Cómo llegó hasta acá?

Con casi 40 millones de habitantes, es una nación exmiembro de la Unión Soviética. Históricamente, desde su disolución en 1991, quedó rodeada y, en varios aspectos, a la sombra de potencias como Rusia, China e Irán. Sin embargo, dentro de su región, mantuvo su trascendencia en relación a sus vecinos: Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Turkmenistán. Todos con culturas similares provenientes de los antiguos reinos persas, definidas en el “stán”, traducido como “tierra de”. Imperios de rutas comerciales, hoy también del fútbol. Ahora bien, ¿de dónde viene esa costumbre futbolera?

De cero a ¿cien?

Paréntesis aparte, como bien se sabe, la URSS fue durante su existencia una de las grandes potencias a nivel mundial. Y en lo deportivo no fue la excepción. Si bien el fútbol nunca fue una de sus disciplinas principales, se consagró en la Eurocopa de 1960 y disputó varias rondas eliminatorias en la Copa del Mundo desde 1958. Por esto, se puede decir que su cultura ya viene de antaño. Una vez otorgada su independencia, se afilió a la FIFA en 1994 y empezó a participar en competencias del ente máximo con la Copa de Asia de 1996 y las Eliminatorias para Francia 1998.

Cansado de estar entre las tinieblas, explotó su talento, el cual respondía a una maquinaria mayor en tiempos soviéticos. Su desarrollo deportivo se veía limitado y con un techo no tan lejos del suelo en un engranaje centralizado que se lucía por lo colectivo. Claro que la estructura existía, pero la identidad estaba atada de pies y manos. Ahora, 30 años más tarde, la lógica cambió y la hoja de ruta hizo que los horizontes se extendieran.

Siempre con mucho por demostrar, pero con una baja cuota de fortuna. Incluso se quedó en dos ocasiones en las fases finales a la puerta de la clasificación a los Mundiales de Alemania 2006 y Brasil 2014. En este último sufrió hasta la jornada final, en la que terminó quedándose sin la oportunidad de ir directo por un gol de diferencia en relación a Corea del Sur. Luego, no pudo obtener el boleto al repechaje tras caer por penales ante Jordania. Asimismo, nunca faltó a una cita continental y realizó su mejor participación en 2011, cuando alcanzó las semifinales.

Además, sus dos mayores logros fueron la consagración en los Juegos Asiáticos de 1994 y la reciente Copa de Naciones CAFA, disputada la temporada pasada. Allí venció a Irán por la mínima en el alargue y se empezaron a ver los frutos de un largo -o no tanto- proceso con objetivos a largo plazo.

Cuestión de Estado

Desde 2016, los cambios son notorios. O al menos comenzó a verse todo el potencial. Si bien es cierto que, como repasamos, en años anteriores ya se consiguieron resultados distinguidos, la llegada de Shavkat Mirziyoyev a la presidencia fue el punto de quiebre. El mandamás tomó el fútbol como una política de Estado y decretó un proyecto para el desarrollo de la actividad con vistas al 2030. Así, el deporte pasó de ser una sombra de la sociedad, a ser una de las piezas claves del nuevo engranaje diplomático. A partir de ese plan, lograron la profesionalización de la liga local y apostaron por las categorías juveniles de la Selección.

En los últimos diez años, sobre todo desde el 2020 en adelante, se calculó una inversión de alrededor de 500 millones de dólares. La cifra fue derivada a la construcción de instalaciones de última generación y tecnología avanzada para divisiones inferiores, por lo que de a poco comenzaron a verse jugadores jóvenes de esta nacionalidad disputando grandes torneos en Europa. Como consecuencia, el combinado nacional alcanzó los cuartos de final del Mundial Sub-17 y los octavos del Sub-20, lo que demuestra la efectividad del trabajo desde las raíces.

El primero de Asia Central

Con la ampliación de los cupos a 48 selecciones para este año, Uzbekistán parece haber sido uno de los beneficiados. De todas maneras, la lucha de las últimas dos décadas, tarde o temprano, iba a darle el éxito. En la Segunda Ronda de las Eliminatorias finalizaron segundos del Grupo E, invictos y con los mismos puntos que Irán, luego de que ambos venzan a Turkmenistán y Hong Kong, e igualen entre sí.

En la Tercera Fase se quedaron con la clasificación directa, tras repetir el puesto por detrás del conjunto iraní. Allí, también enfrentaron a Corea del Norte, Kirguistán, Emiratos Árabes Unidos y Qatar. Esta última les propinó la única derrota de la instancia, por lo que sumaron seis victorias, tres empates y una sola caída. Así, se convirtieron en la primera nación de Asia Central en ganarse el boleto a una Copa del Mundo.

En junio estará integrando el Grupo K, junto a Colombia, Portugal y el ganador del Repechaje FIFA entre Nueva Caledonia, Jamaica y RD del Congo. El miércoles 17 hará su debut frente al conjunto cafetero en Ciudad de México, mientras que ante Cristiano Ronaldo y compañía se medirá el martes 23 en Houston. Luego, cerrará ante el rival no confirmado el sábado 27 en Atlanta.

¿Cómo juega Uzbekistán?

La totalidad del proceso mundialista lo hizo con Timur Kapadze, exjugador histórico de la Selección, en la dirección técnica. Pese a ello, en octubre no llegó a un acuerdo para su continuidad y acabó siendo reemplazado por Fabio Cannavaro, excentral italiano campeón del mundo y Balón de Oro en 2006. Con pocos partidos al mando del equipo, ya se vio algo de su impronta fundada en el Calcio y que le dio continuidad a una identidad definida que intenta mantener el fútbol uzbeko. De hecho, en las últimas dos fechas FIFA se impuso por 2-0 ante Kuwait y Egipto, igualó sin goles con Irán y cayó por 2-1 frente a Uruguay, complicando al equipo de Marcelo Bielsa.

Sin importar el DT a cargo, la línea de cinco en el fondo parece no ser negociable. Con la característica de una defensa férrea, se prioriza un bloque bajo y ordenado. El juego directo explotando las bandas se hace notar en cada contraataque, una de sus principales armas para dañar a los rivales. Sin embargo, tiene un mediocampo con futbolistas de buen pie y que saben generar peligro con remates de larga distancia y mediante la pelota parada.

Sin dudas, su figura es Abdukodir Khusanov. El joven central de 22 años se desempeña en la zaga como primer marcador o como lateral diestro y pasó del fútbol formativo de su país al Manchester City en solo tres años. En el apartado ofensivo, una de sus piezas claves es Eldor Shomurodov, delantero/extremo que marcó cinco tantos en 15 encuentros de Eliminatorias y que hizo varios años de carrera en Italia.

Lejos de ser una casualidad, la planificación y el trabajo terminaron en causalidad. Uzbekistán pasó de encontrarse inmerso en un sistema soviético colectivo y austero, a sumergirse en un proyecto nacional moderno de globalización y visibilidad. Ahora, con el protagonismo y reconocimiento que buscaron a lo largo de tres décadas, el mundo deberá aprender a pronunciar su nombre.