Reeditaron una biografía ampliada de Raúl González Tuñón, el poeta que le escribió al sánguche de milanesa
Germán Ferrari recopiló notas publicadas durante cincuenta años en los diarios “Crítica” y “Clarín” por el periodista y poeta que fue corresponsal de guerra y sensible observador de la vida cotidiana.
“Menos de ajedrez y de economía, escribí de todo”, solía decir el poeta y periodista Raúl González Tuñón. La cita la evoca Germán Ferrari, autor de “Raúl González Tuñón, periodista. Medio siglo de máquinas de escribir y lunas con gatillo”, cuya reedición ampliada fue publicada por la Editorial Universitaria Villa María.
Ferrari es escritor, periodista y autor de “1983, el año de la Democracia” y “Osvaldo Bayer, el rebelde esperanzado”. Fue Bayer quien al publicarse el libro sobre Tuñón por primera vez, hace casi 20 años, se despachó con un elogio monumental: “Me hubiera gustado escribirlo a mi”. Ferrari comenta que se pone colorado cuando se le recuerda esta anécdota, pero jura que es verdad y hay testigos para certificarlo.
La curiosidad del autor por Tuñón se remonta a su juventud, cuando era estudiante universitario. Observó que había mucho análisis de la obra poética, pero escaseaban estudios sobre su trabajo periodístico de cinco décadas. Tuñón vivió el auge y expansión de la prensa popular, de los diarios de tiradas de cientos de miles de ejemplares. “Me parecía que había que hacer una especie de justicia periodística con esos 50 años de trabajo desde el mítico “Crítica” de Natalio Botana hasta su paso por Clarín en los ’70, cuando se jubiló”, explicó.
“Yo conozco una calle que hay en cualquier ciudad
y la mujer que amo con una boina azul.
Yo conozco la música de un barracón de feria
barquitos en botellas y humo en el horizonte.
Yo conozco una calle que hay en cualquier ciudad.
Ni la noche tumbada sobre el ruido del bar
ni los labios sesgados sobre un viejo cantar
ni el afiche apagado del grotesco armazón
telaraña del mundo para mi corazón
Ni las luces que siempre se van con otros hombres
de rodillas desnudas y de brazo tendidos.
Tenía unos pocos sueños iguales a los sueños
que acarician de noche a los niños queridos.
Tenía el resplandor de una felicidad
Y veía mi rostro fijado en las vidrieras
Y en un lugar del mundo era un hombre feliz." (“La calle del agujero en la media”)
Según Ferrari, los intereses de Tuñón eran “tan amplios como su poesía, desde su militancia como ferviente comunista, hasta las situaciones más cotidianas de la vida en el barrio, entre amigos”, detalla en el programa Eco de radio de Radio Universidad FM 89.1.

La primera versión del libro fue publicada en 2005, a cien años del nacimiento del poeta. En tanto, la segunda edición se amplió ya que se sumó nuevo material. “Seguí buscando notas olvidadas, más fuentes, conversé con gente que tuvo contacto con él que no salió en la primera edición. Además, me encontré con joyas de su paso por Chile; dejó una huella muy fuerte en el diario El Siglo. Uní los dos universos: el periodístico y el de poeta. Encontraba temas comunes a los dos géneros”, agrega.
Los inicios en “Crítica”
Raúl González Tuñón entró a trabajar al diario “Crítica”, el vespertino que revolucionó el periodismo en los años 20 del siglo pasado, de la mano de su hermano Enrique, que ya publicaba ahí, y lo presentó al dueño, Natalio Botana.
“El trabajo de Enrique y Raúl en “Crítica” es importantísimo. Enrique con sus glosas de los tangos, Raúl como corresponsal en la guerra del Chaco y eso mezclado con la bohemia de la avenida de Mayo. Fue constitutivo el padrinazgo de Botana para los Tuñón y para el resto de los escritores de esa redacción como Arlt y Borges, entre otros. Pese a sus claroscuros, Botana fue creador de suplementos, y de una forma de contar la noticia como si fuera una novela que se sigue día a día”, elogia Ferrari, sin olvidar que cometió el error de apoyar el golpe al gobierno radical de Hipólito Yrigoyen.

Ferrari encontró muchas notas firmadas por autor de "Juancito Caminador" ya que Botana alentaba esa práctica, pero también hubo textos anónimos que pudieron ser detectados gracias a que el mismo autor los reconoció en entrevistas posteriores.
“Una de ellas es “El sánguche de milanesa”. Un tranvía de la línea 105, interno 75 que iba de Lanús a Constitución lleno de pasajeros se había caído al Riachuelo el 12 de julio de 1930; hubo cerca de 60 muertos. El poeta observó que del saco del cuerpo de un chico de aproximadamente 14 años asomaba un sánguche de milanesa”, recuerda. El chico fue la víctima más joven y se llamaba Leonardo Puma.
“Uno de los cadáveres extraídos era el de un chiquilín como de 14 años de edad. Obrerito joven, la muerte lo sorprendió tiritando de frío en un rincón del tranvía. Nadie lo reconoció en el momento de ser sacado de las aguas. ¡Quién sabe si ese chiquilín no tiene más familia que una abuelita vieja, a la que debe mantener con sus pobres jornales!
“Cuando levantaron ese cuerpecito liviano, llamó la atención lo abultado de uno de los bolsillos de su saco. Ese bulto resultó ser un sándwich. Un pan francés abierto en dos, llevando adentro una milanesa, seguramente sobra de la comida del día anterior. Ese sándwich era el único almuerzo de la infeliz criatura. Cuando se lo sacaron del bolsillo, ese sándwich, último sándwich de quién sabe cuántas jornadas de hambre, tuvo el prestigio de arrancar más de una lágrima”. ("El sánguche de milanesa", diario "Crítica").
“Raúl González Tuñón era un humanista, un hombre curioso que se maravillaba como un niño por cosas que para el resto de la gente pasaban desapercibidas”, finaliza Ferrari, sin disimular su admiración. Lo bien que hace.
