Otrora y por siempre, Messi
De futuro a presente, de promesa a prodigio, de excepción a costumbre. Sin esperarlo, el tiempo corrió y la aguja siguió girando. Aunque la casaca no sea más celeste y blanca, será nuestro para la eternidad.
Créditos: TyC Sports
Por Agustín Mayor
Otrora: En otro tiempo, antaño. De una época que quedó atrás y que toma forma de nostalgia y memoria. Pasado que fue presente.
Y el tiempo no perdona. Las arrugas son ineludibles y las canas inevitables. Lo que creíamos eterno, empieza a no ser tal. Cuando menos te lo esperas, el paisaje se deforma y aquellas cosas que -pensábamos- iban a estar para siempre, pasan a ser parte del tiempo. El horizonte ya es diferente. Incluso asusta. La intriga y la inseguridad se adueñan del sentir. El pensar deja atrás la coherencia y la inestabilidad se torna protagonista. Pero todo pasa.
Hay maneras de jugar con el tiempo, aunque siempre hay que ser sabio -o intentarlo- y no pecar de ingenuo. Nadie tiene el control de él. De hecho, él juega con vos a gusto y piacere. Pero tiene una manera de jugar diferente, extraña, desconocida aún. Él no corre a nadie, solo espera. Sentado, observa desde su posición omnipresente y aguarda. Los calendarios pasan página y las fotos se opacan. Enero, febrero, marzo. De color a sepia, de sepia a blanco y negro.
Las palabras también envejecen y pierden tendencia. Los años las pueden llegar a desgastar, pero nunca dejan de ser. A pesar de terminar en el final de algún diccionario casi olvidadas, el sentido será ad aeternum. “Otrora”, en cambio, nació para referirse a eso que fue y es. Aquello que, sin importar su fusión con el tiempo, adquiere la capacidad de ser imborrable. Que fue presente y que, gracias a su esplendor, sobrevive con el pasado y la melancolía generada.
Vivir con la excepción
Un día escuché “de las cosas menos importantes, el fútbol es lo más importante”. Acá, en esta bendita tierra de cielo celeste y blanco, no es la excepción. En el suelo donde el tiempo parece doler y los tobillos, hinchados y cansados de caminar con peso en los hombros, empiezan a quejarse. Lejos está el fútbol de ser parte de las “cosas menos importantes”. Sobre todo cuando tenes uno que te hace olvidar de todo. Menos del presente.
“Messi anunció su retiro de la Selección”, lamentaron en todos los portales habidos y por haber. Las cartas de despedida, las lágrimas derramadas, los niños que no lo verán pelear por sus sueños. Sueños que cumplió, pero que siempre se renovaron. Sueños que nos cumplió a nosotros, pero somos insaciables.
Quizás, sin ser la primera vez que vivimos algo así, algunos seguimos creyendo que va a volver. Como hizo aquella vez que algunos injustos quisieron forzarlo a abandonar. Pero esta vez parece ir en serio, che. Porque el contexto lo amerita. Porque el pibe de Rosario pasó de futuro a presente, de promesa a prodigio, de excepción a costumbre. Más de dos décadas pasaron. Exactamente 21 años. Generaciones que crecieron -crecimos- conviviendo con la anomalía, con lo extraordinario.
La convivencia nos (mal)acostumbró y nos hizo pasar por alto que la fecha de vencimiento es para todos. Incluso para Messi. Y es que no conocemos una Selección sin Messi. No conocemos un fútbol sin Messi. Porque el deporte que se jugaba previo a su irrupción, era otro. Porque llegó para romper con todos los esquemas y cambió al deporte rey para siempre. Y pensar que él terminó siendo el rey del deporte.
Por siempre otrora
La nostalgia cae a la noche. Hace frío y juega Argentina. Pero no juega él. El dolor perfora el esternón imaginando un fútbol sin Messi. No veremos esa zurda endiablada recortando de fuera hacia dentro buscando el segundo palo. El cambio de ritmo con caño incluído. El traslado con la pelota atada al botín. Ese gesto de amor con el fútbol, a la vez de un "mirá cómo te humillo" con cortesía.
Quizás la clave estará en otro tiempo. En recordar que hubo uno con él. Que nos ha hecho llorar de felicidad. Ese llanto que -citando a un gran mentor mío- “regó la geografía de la Argentina orgullosa de reverdecer los marchitos laureles de 1978 y 1986”.
Aceptar que las fotos terminarán en blanco y negro, pero que tuvimos la suerte de verlo. Que lo vivimos para contarlo. Para que las próximas generaciones, y por los siglos de los siglos, sepan que, otrora, hubo alguien que pudo jugar con el tiempo como nadie. Que no le ganó, pero que lo hizo sufrir. Que lo frenó, estiró y retrocedió como quiso. Uno que se pudo quedar más de la cuenta. Y que lo hizo por nosotros.
Para que entiendan que otrora fue presente y que, por siempre, será Messi.
