José de San Martín, el político detrás del héroe militar

Beatriz Bragoni, Doctora en Historia por la UBA, publicó “San Martín, una biografía política del Libertador” para estudiar las ideas que inspiraron al Libertador de América. La necesidad de un rey Inca para gobernar las tierras independizadas, su paso como gobernador de Cuyo y el orden como vector de poder.

Abundan las pinturas y los libros que ensalzan la figura de José de San Martín en su rol de estratega militar, y no es para menos. Obtuvo en su carrera logros suficientes para merecer tales halagos. Sin embargo, los sables y las charreteras eclipsaron su faz como dirigente político y estadista. Beatriz Bragoni, Doctora en Historia por la UBA, profesora de la Universidad de Cuyo e investigadora del CONICET, publicó “San Martín, una biografía política del Libertador” (EDHASA,2021) para ahondar aspectos que la historia oficial eclipsó a favor de las proezas en las batallas.

En diálogo con el programa Eco de radio por Radio Universidad, Bragoni se introdujo en el sentido del orden para gobernar un estado en formación, la propuesta de una monarquía constitucional con un rey Inca en el trono, entre otros temas. A continuación, compartimos algunos tramos de la entrevista radial.

¿Se lo valora más a San Martín como militar que como político?

Sí, por eso la idea de este libro fue prestar mayor atención a las concepciones políticas de San Martín y al ejercicio de la política, tanto en la estrategia militar como también en su posicionamiento como un referente, un actor crucial en la revolución de la independencia rioplatense y sudamericana. Las aristas políticas fueron atemperadas en la narrativa posterior porque don José prefería formatos institucionales centralizados, no federales, y su firme convicción de que la monarquía constitucional era el artefacto más adecuado para gobernar las Provincias Unidas del Río de la Plata, Chile y Perú.

¿San Martín prefería un rey Inca para el nuevo gobierno?

Él en un momento dijo que podía ser un rey Inca, pero en Europa fue considerado un delirio y quedó a un costado. También se promovió la venida de un príncipe europeo. Y esa idea entró en colisión con otros actores que tenían también un rol protagónico porque era leída una disonancia en relación con la independencia de América. Por eso buena parte de la narrativa posterior del siglo XIX, sobre todo de Bartolomé Mitre y de muchos otros, vinieron a justificar o verlo como una distracción del momento, porque era necesario erigir a San Martín como un héroe republicano. Y esa idea coagula finalmente y se materializa de una manera muy festiva y al mismo tiempo celebratoria cuando son repatriados los restos de San Martín en 1880. En ese ritual fúnebre que fue majestuoso en Buenos Aires, tanto Domingo F. Sarmiento como el presidente Avellaneda, valoraron las dotes militares del difunto.

¿La idea de la monarquía constitucional es un punto de quiebre de San Martín con Simón Bolívar?

Sí, es un punto de quiebre con Simón Bolívar y eso se hace patente al momento en que los dos confluyen en Guayaquil en esa famosa entrevista de 1822. Esa charla fue privada, no hay documentación que informe sobre los temas tratados. Las versiones que después circularon sobre esa indocumentada entrevista tendieron a ensalzar las preferencias republicanas de Bolívar y las monárquicas de San Martín como un punto irreconciliable.

¿La visión política de San Martín se puede ver plasmada en su gestión como gobernador de Mendoza?

Bueno, él en Mendoza tiene su debut político, ya que cuando llegó a Cuyo, en septiembre de 1814, no había ejercido cargos públicos. Entonces ejerce un ensayo muy interesante porque tiene que construir su liderazgo local. No contaba con relaciones en la ciudad. Hay una famosa carta de Gervasio de Posadas que le escribe a San Martín diciéndole que se tenía que hacer amigo de los miembros del Cabildo porque esos hombres enlazaban a todo el pueblo. Entonces, ensaya un juego de negociaciones con los curas, los funcionarios intermedios, los comandantes de frontera y ese ejercicio de poder es centralizado.

San Martín consigue tener el poder en un puño...

Porque la emergencia de la organización del ejército así lo requería. Necesitaba concentrar recursos financieros y esto le sirvió no solamente para gobernar el territorio y, sino que también le sirvió para enfrentar a Alvear, quien se había convertido en su principal rival como director supremo. San Martín contribuyó a la destitución de Alvear en 1815, ratifica su liderazgo y al mismo tiempo le permite condicionar la obediencia al director Supremo, Álvarez Thomas, que había reemplazado a Alvear, e impulsar la convocatoria a un congreso que declarara la independencia.

¿Cuál fue la clave del éxito del ejercito que cruzó Los Andes?

San Martín fue tenaz para organizar un ejército que tuviera garantías de sobrevivencia, que no se desguazara. Era crucial para él que el ejército se pudiera financiar y, sobre todo, poder saldar la deuda con los soldados y el personal militar. Entonces, buena parte de la reunión de recursos locales, como las gestiones que hizo con Juan Martín de Pueyrredón para obtener fondos del erario nacional, eran aplicados a cumplir el tiempo en forma con el salario de los soldados. Pagar a la tropa en tiempo y forma era garantía de obediencia, estabilidad y cohesión dentro del ejército.

¿Se podría decir que San Martín tenía una cabeza de avanzada hacia el mundo que se venía?

Estaba convencido de dos cosas: América debería ser libre y entrar en un plano de igualdad con Europa para proyectar el proceso civilizatorio. Si bien era una persona partidaria de los principios liberales del momento, prefería el orden en detrimento de las libertades públicas. Pesa en él la experiencia en la Revolución Francesa y las derivaciones de los excesos de la participación popular. Esto lo había visto en Cádiz, cuando era asistente de un superior que terminó linchado.