Juan Filloy quiso vivir hasta los 106 años y estuvo muy cerca
El escritor cordobés casi cumple su sueño porque falleció con 105 años en 2000, a pocos días de llegar a la meta. Pero logró lo que quiso: ser un hombre de tres siglos. Dejó más de 50 novelas, sonetos y crónicas de viaje. También, fue socio fundador del Club Talleres de Córdoba.
La cábala y los números fueron importantes en la vida del abogado, juez y escritor Juan Filloy. Decía, ya entrado en décadas, que su objetivo era ser un hombre de tres siglos. Nació en Córdoba el 1 de agosto de 1894 (“Soy más grande que Borges”) y falleció el 15 de julio de 2000. Tenía 105 años y partió a pocos días de cumplir su objetivo de alcanzar los 106, como le confesó al escritor Mempo Giardinelli en el documental “Soy Juan”.
Convengamos que el chaqueño Giardinelli fue uno de los grandes publicistas de Filloy fuera de Córdoba por medio de su revista “Puro Cuento” y por cuanto medio se le cruzase en el camino. Filloy visitaba poco la capital federal, y prefería la paz de Río Cuarto.
Según su hija Monique, la más sociable era su madre, Paulina. La familia se completaba con el otro hijo, Fernán, todos fallecidos. Para Filloy (se dice Fiyoy, por su origen gallego) las leyes y la literatura iban de la mano. Trabajaba en los tribunales y su labor no le impedía escribir todos los días contra viento y marea.

Era un polígrafo con distintos intereses que iban de la novela, pasaban por las crónicas de viaje y seguían con los sonetos. También nadaba con rutina casi espartana. Era grandote y se oye su vozarrón portentoso pese a los años en los audios de archivo.
Filloy fue por su aire, como dicen los españoles, no esperó a las grandes editoriales; publicó de manera independiente sus libros, es decir, pagó de su bolsillo las ediciones, aunque algunos de sus títulos llegaron a editoriales de mayor difusión.
Los libros llevan siempre títulos de siete letras: “¡Estafen!”, “Op Oloop” y “Caterva”. Como para citar algunos ejemplos. Y también era amigo de los palíndromos, oraciones que se leen igual del derecho o del revés. ¿Habrá coleccionado boletos capicúas? El humor era vital en su obra. Se comprueba al leer “¡Estafen!”. El protagonista es un estafador refinado que es atrapado por la policía cuando está a punto de tomar un tren para escapar. Imperturbable frente al destino de una cárcel harapienta, no afloja en su autoestima de creerse por encima de ese comisario cimarrón que no está a su altura intelectual.
Palabra de un especialista
Ariel Magnus (Buenos Aires, 1975) publicó la biografía “Juan Filloy, un atleta de las letras”. En diálogo con Eco de radio por Radio Universidad, el escritor, que estudió literatura española y filosofía en Alemania, ratificó que a Filloy le gustaba que lo nombraran “el escritor de tres siglos”. Magnus prefirió definirlo como “atleta de las letras” para combinar la escritura con sus destrezas deportivas. “Le puse así por esta cosa deportiva que tenía tanto para batir récords como con los números. Tenía como una obsesión por los números y, además, fue muy deportista o estuvo muy ligado al deporte”, recordó.


Filloy fue miembro de la Asociación de Boxeo y hasta se dice que dirigió combates de Luis Ángel Firpo. Le gustaba la natación, también, y la practicó toda su vida. Fue socio fundador del club Talleres de Córdoba y llegó a ser su presidente.
“Tenía la más pura esencia del atletismo, de ponerse un objetivo, cumplirlo o no, y retomar, practicarlo todos los días como una lucha consigo mismo y sólo por el placer de hacer eso que uno quiere”, agregó Magnus. Para el biógrafo fue “el rey de los sonetos ya que escribió más de mil”. Sus libros tenían siete letras de título, quiso completar el abecedario con la primera letra de cada libro. También fue el rey de los palíndromos”.
Filloy es considerado uno de los grandes autores de la literatura argentina, aunque casi desconocido por el gran público. “Aislado en Río Cuarto, escribió los libros que quiso y los publicó como quiso. Él hacía todo desde la tapa, pagaba la impresión y se lo mandaba. Le faltaba solamente escribir las reseñas y en ese sentido lo veo como un atleta”, acota Magnus.
Conocer la obra
“No hay una sola puerta de entrada al universo de Filloy, depende del lector. “Op Oloop” puede ser una de ellas, aunque debe estar medio cancelada porque se trata de un hombre que festeja cuando se acuesta con la prostituta número mil. “¡Estafen!”, es otra novela para recomendar o sus poemas y cuentos. Para mí su mejor novela es “Caterva”. Recomiendo elegir una y si el lector no se engancha, darle oportunidad a otro libro porque algo va a encontrar”, concluyó.
Filloy por Filloy
En una entrevista en Clarín, firmada por Ricardo Zelarayan en 1975, el escritor recurrió a la geografía para definir los géneros literarios.
“El cuento es dibujístico, es una línea, no debe tener adornos. Utilizando una metáfora, un símil, yo lo comparo a los arroyos nuestros. Salen, hacen unos cuantos firuletes y desaparecen. Después está el riacho, que es muy distinto. El riacho pampeano, por ejemplo, va apaciblemente por los pequeños desniveles de la llanura y se remansa en ciertos lugares. Eso es más bien un relato. La novela, en cambio, es un río”, definió.
En otro tramo de esa entrevista, Filloy en ese momento de 81 años valora su buen estado de salud. “No sé lo que es un dolor de cabeza. No sé dónde está el hígado o la vesícula. Yo creo que todo obedece a no haber tenido auto. ¿Usted sabe los desquicios psicológicos que trae aparejado el automóvil? Es tremendo, los nervios, la dependencia... Yo lo veo por mis hijos y por mi yerno. Son unos tipos locos de mierda que dicen que el conductor de adelante no sabe manejar”. El humor ayuda a la salud, también.
