Ezequiel Galarza, preparador físico de la UNLaM: entre el profesionalismo y el amateurismo

Se formó como profesional en esta Casa de Altos Estudios, hizo carrera en el profesionalismo y volvió para preparar a los equipos del Verde.

Fútbol UNLaM AiFA

Las raíces a veces tiran y te traen de vuelta. Como siempre se suele decir, en la Universidad Nacional de La Matanza (UNLaM) hay un “no sé qué” que te hace volver. El sentido de pertenencia es uno de los grandes valores y los profesionales formados en esta Casa de Altos Estudios no olvidan. En esta categoría entra Ezequiel Galarza, actual preparador físico de los equipos de fútbol 11 del Verde, que habló con El1 sobre su regreso a la institución y su gran recorrido en el profesionalismo.

Nacido y criado en Morón Sur, donde asistió a Escuela Técnica, desde chico tuvo en claro qué camino seguir. “Antes de terminar ya sabía que quería seguir la carrera del Profesorado en UNLaM. Los días que tenía Educación Física en los colegios me levantaba con otro ánimo. Ese día iba a jugar en el colegio, convencíamos a los profes de hacer torneos de fútbol”, contó. Hoy, a sus 39 años con un hijo de cuatro junto a su pareja Anabella, pegó la vuelta luego de un largo recorrido en la profesión.

Hace más de dos décadas, en 2005, un joven Ezequiel comenzaba la carrera que tanto había anhelado. Allí, rápidamente descubrió la rama que lo apasionaba: “Ese mismo año hablé con el coordinador y le comenté que quería ser preparador físico. Me recomendó que jugara al fútbol y conozca la gestión de un vestuario”. Sin dudarlo, fue y puso el gancho para sumarse al equipo al que acababa de llegar Raúl ‘Pacha’ Cardozo como director técnico.

“Tuve la suerte de tener como preparadores físicos a Martín Traverssi y Martín Pérez Rodríguez. Son dos referentes que fueron ejemplos a seguir en mi carrera. No sólo profesionalmente, sino también desde el aspecto humano y la gestión del grupo”, comentó. 

Experiencia en el fútbol profesional

Ya cerca de recibirse, comenzó a involucrarse ya como profesional, aunque con el miedo natural de un primer paso. “Martín me recomendó en 2009 con un futbolista amigo que necesitaba un profe para trabajar en inferiores de Sportivo Italiano. Con algunas dudas, pero arranqué a hacer mis primeras experiencias. Desde ahí fui haciendo recorrido”, recordó.

A partir de ahí, Ezequiel sumó y aportó conocimientos en un paso por Laferrere con un proyecto de la Universidad y empezó a meterse de lleno en el fútbol profesional. En 2011 se sumó al cuerpo técnico de Primera del Club Liniers. Luego pasó por Sol de América en el Federal A en 2013 y ese mismo año volvería a Buenos Aires para trabajar con las inferiores de Huracán hasta 2017.

Para 2018 comenzó a trabajar con Diego Herrero en Centro Español, donde consiguieron el ascenso a la Primera C en 2023. A mediados de 2024 pegaron juntos el salto a la Primera B en su segunda experiencia en La Topadora del Oeste, hasta finales de 2025. Este 2026 lo comenzaron en Ituzaingó, donde los resultados no se dieron y abandonaron el cargo luego de algunos partidos.

“Todo eso lo hice paralelamente trabajando en clubes amateurs además de AFA. Ahora desistí un poco de trabajar en el Ascenso, quiero actualizarme y trabajar un tiempo con mi familia”, confesó entre la felicidad de volver a estar en su casa.

Retorno, funciones y metodologías

Ahora, después de más de diez años, recibió el llamado irrechazable. “Estoy disfrutando esto de volver a la UNLaM. Fui jugador más de ocho años entre 2005 y 2013 y me formé como profesor en esta Casa de Altos Estudios. Es una ventaja porque ya conozco la dinámica del entrenamiento y los espacios a utilizar. A varios de los chicos los conozco de aquella época”, detalló.

En cuanto a su rol y tareas, explicó: “Mi función es ofrecer a todos los grupos un complemento físico en cada día de entrenamiento. En AiFA y LIDUS hacemos un trabajo más profundo, ya que la competencia demanda que las capacidades para desarrollar el deporte sean óptimas”. Y agregó: “Con Pacha y el Cholo (Vega) buscamos siempre que los chicos se lleven el mejor producto. A veces no es tarea fácil, ya que tenemos que diagramar los tres días para gestionar los espacios y la cancha para un total de cien jugadores por cada día de entrenamiento”.

Diferencias con el fútbol profesional

Luego de su largo andar por el profesionalismo, afirma no haber demasiada disparidad con el amateurismo. “Las diferencias de la UNLaM con el fútbol profesional son pocas. El jugador profesional se cuida y entrena todos los días. Acá los chicos saben que, además de los estímulos que les damos nosotros, tienen que complementar con el gimnasio”, desarrolló.

“Quizás en algunos trabajos la exigencia en tiempos y esfuerzos son más marcadas. Entendemos que el jugador amateur generalmente viene de estudiar o de su jornada laboral, entonces hay que tener diálogo con cada uno. Pero igualmente vienen a entrenar con predisposición y muchas ganas”, cerró.