Osqui Guzmán: "La improvisación me coloca en los zapatos del actor que soy"
El actor protagoniza la obra "El ojo del destino", disponible en el canal de YouTube "Cervantes Online". Trazó un paralelismo entre la temática que propone la obra y la actualidad. Su relación con los sueños, la reposición online de "El Bululú" y el arte de improvisar.
¿Qué ocurre en el detrás de escena de un espectáculo? Una pregunta que muchas veces se hace el público y que, esta vez, atraviesa la trama de la puesta escénica y audiovisual El ojo del destino, en la que el escenario del Teatro Nacional Cervantes se convierte en la sede de un circo errante de mediados del siglo XX. Allí, habitan diferentes personajes y, entre ellos, se encuentra el mago, prestidigitador y ventrílocuo Virgilio Pettoruti, interpretado por el versátil Osqui Guzmán que, ante la aparición de un extraño objeto, percibe una señal para iniciar un nuevo camino.
El multipremiado actor incorpora un nuevo y cautivante personaje a su fructífero camino artístico, donde aparecen proyectos como El niño argentino, El Bululú y TOC TOC, en teatro, Mar de fondo, Hermanos y detectives y Apache, en televisión y, El torcán y QTH, en cine. Para conocer a Virgilio y su historia, los espectadores deben ingresar al canal de YouTube Cervantes Online.
Los personajes de El ojo del destino son artistas trashumantes sin el viento a su favor…
Claro… La vida del cirquero, del espectáculo en pueblo, está destinada a convivir con la despedida, con lo que no crece y con un destino incierto. También es un poco lo que nos pasa hoy por la incertidumbre en la que vivimos, que sentimos que no tenemos el viento a nuestro favor todo el tiempo y el destino incierto hace que uno sienta que cualquier cosa que haga no dará frutos. Lo que se vuelve más importante para los artistas trashumantes es vivir el momento, el presente, sabiendo que, tal vez mañana, no exista nada de lo que hagan. Saben que hay un viento que los empuja, no los acaricia ni alivia, entonces tienen que ir en contra de ese viento. Mientras en el mundo se instala un lugar razonablemente habitable, alguien forma una familia, consigue un trabajo decente y cumple con los deberes sociales, ellos van en contra de todos esos mandatos.
El espectáculo presenta elementos cómicos y dramáticos, está lo grotesco y la tragedia, ¿cómo afrontaste la fusión en escena?
Al principio era una incógnita, porque el texto de Francisco Estrada se presentaba con estos elementos desde la palabra, entonces, pensábamos cómo abordaríamos ese mundo y cómo haríamos que el público entrara de lleno en el poco tiempo que dura la representación. Y ahí hubo un elemento clave, que fue la decisión de la directora Mariela Asensio de hacer que el muñeco que maneja mi personaje lo interpretara una actriz. Por lo tanto, sucedió algo maravilloso: todos asumimos enseguida el estado de locura en el cual están estos personajes. Virgilio volcaba toda su fantasía y lo que él pensaba de las cosas en ese muñeco, lo que lo volvía más patético, y justamente ese patetismo unía lo grotesco y lo trágico. Sabíamos que el destino de los personajes estaba sellado casi desde el comienzo, todos sus argumentos estaban tomados con pinzas y no hacían otra cosa que ir directamente hacia el fracaso de sus propios objetivos, y de una manera un poco mágica.
Virgilio es un soñador empedernido, en tu caso, ¿qué lugar le otorgás a los sueños?
Me identifico con el personaje en el amor por esos sueños, pero, lo que me pasa a mí, que tengo a favor, es que si bien los fantaseo, no me muero por hacerlos realidad, me alcanza con que sean sueños. Entonces, más que ir en busca de mis sueños, éstos siempre me han perseguido. Yo sé que tengo cierta inclinación a soñar demasiado, desde chico, por eso intento no prestarle atención a eso, porque es muy angustiante. Siempre traté de huir de mis sueños teniendo buenas compañías, gente que me hacía poner los pies en la tierra, como es mi esposa, con quien estamos juntos desde hace más de 20 años. Virgilio cree en el ideal y lo busca desesperadamente, por eso se frustra y es derrotado ya que, en todo caso, los ideales sirven para impulsar, y tal vez no para ser realizados. Sirven para caminar sabiendo que ese es el norte, pero el camino está plagado de cosas bellísimas antes de eso.
Siguiendo con la cartelera de teatro online, en Teatrix se estrenó El Bululú, espectáculo con el que recibiste diversos reconocimientos…
Si lo simplificara, diría que es un sueño cumplido, pero, mirándolo con los ojos profundos con los que el espectáculo me ve, diría que es un sueño que empieza y que no me pertenece, como ocurre con las buenas canciones, que hay un momento en que no se sabe de quiénes son. Algo de eso siento que pasa con El bululú, que tiene que ver con mi intimidad, con mi preparación artística para esta profesión, con mis raíces, con las de José María Vilches, con las nuestras. Un bululú es una compañía de un solo actor, quien va de pueblo en pueblo representando todos los personajes de una obra de teatro. En cada función de este espectáculo el público llenaba la sala, sea la situación que sea, de hecho, en pandemia, primero lo hice al 30 por ciento y, luego, al 50, con localidades agotadas. Es realmente emocionante e inexplicable ver cómo los espectadores reciben la obra.
En tu formación aparece tanto el estudio académico a través del Conservatorio, como las manifestaciones artísticas populares, con la murga ¿qué herramientas adquiriste de cada ámbito?
En lo académico, para mí la formación es todo. El talento es poder encontrar un camino por el cual expresarse, pero la profesión se ejerce después de la formación, porque cuando uno se forma como actor comprende todos los aspectos de la teatralización, desde la dramaturgia hasta la historia del teatro, además de cada movimiento artístico, ética y estética, y las diferentes corrientes. Entonces, una vez que uno conoce, puede empezar a elegir qué necesita expresar y cómo hacerlo. Después, con la murga, saliendo a los carnavales, comprendí para quién debía trabajar y para quién tenía que bailar hasta el final. Pude absorber las raíces de entendimiento popular, que es lo natural y lo folclórico, eso que no está en la academia. Es algo que comprendí a partir de la murga y siempre lo traslado a mi trabajo.
Desde hace muchos años brindás talleres de improvisación, ¿cuál es el valor de esta acción en la formación de un actor?
En principio, la improvisación me coloca en los zapatos del actor que soy, no del actor que quisiera ser, ni del que quise ser. El entrenamiento de improvisación me ayuda a comprender ese presente que es mío, por lo tanto, podré hacer un teatro del presente, que es el único teatro valioso que existe. Y, si a mí me hace muy bien, es una herramienta que en algo tiene que servir a los demás. Me hace crecer de una manera lógica y no de una forma impuesta o con una impostura, sino, yo, hoy, después de tantos premios y logros, debería sentirme un actor muy importante, y no es así. Cada vez que improviso me recuerdo en el abismo en el que estoy, y todavía tengo mucho por aprender.
Fútbol en pantalla
Este año, Amazon Prime Video estrenará la serie Maradona: Sueño Bendito, donde Osqui interpreta a Miguel Galindez, el histórico masajista de la Selección Argentina. "Es un personaje absolutamente ligado a lo popular y, en este caso, a la historia de Diego. Galindez era alguien muy cercano para él, que lo hacía acordar a su gente y a donde él pertenecía", adelantó el actor.
