Hace 21 años debutaba Lionel Messi en la Selección
Un 17 de agosto, pero de 2005, el crack inició su historia en la Albiceleste en un amistoso ante Hungría: lo expulsaron a los 45 segundos. El camino del héroe.
El camino del héroe no tiene la obligación de comenzar de buena manera. De hecho, probablemente tampoco su final sea tan relevante. Importa lo que sucede en el medio, el recorrido, el proceso. El 17 de agosto de 2005, Lionel Messi inició su historia en la Selección Argentina, pero no como lo había imaginado. El debut fue insólito: vio la tarjeta roja 45 segundos después de su ingreso frente a Hungría en un partido amistoso.
Para esa gira europea y a menos de un año de que empezara el Mundial 2006, los ojos de los aficionados ya estaban puestos sobre Messi. Y cómo no, si en el certamen ecuménico sub-20 disputado tan solo unos meses atrás había sido la figura del torneo. En aquel certamen consiguió la mayor cantidad de anotaciones, recibió el premio al mejor jugador y se consagró campeón. La UEFA lo definía como “uno de los talentos más prometedores”.
Casualidades alentadoras
Encima el destino hacía lo suyo para incrementar la ilusión popular: Diego Maradona también se presentó en la Mayor en un amistoso ante Hungría. Pero en Budapest, la Pulga, de 18 años, tuvo que esperar para tener su bautismo. Fue al banco de suplentes y allí se mantuvo hasta el minuto 63, cuando José Pékerman, entrenador de la Albiceleste en ese entonces, lo llamó para que entrara.
Con el pelo largo y el número 18 en la espalda, saltó a la cancha en reemplazo de Lisandro López, quien a la postre bromeó: “Quedé en la historia porque fui el cambio de Messi”. El primer pase que recibió en la Selección se lo dio Lionel Scaloni, casi como un augurio de lo que cosecharían juntos años más tarde. Pero la actuación de Leo en el Puskás Arena encontró un final prematuro.

Con la pelota dominada, el rosarino encaró de la derecha hacia el medio y en un cambio de ritmo explosivo se libró de la marca de Vilmos Vanczák. Entonces, su marcador lo sujetó de la camiseta y el surgido en Barcelona, en su afán de despegarse y diagramar un ataque, estiró su brazo derecho, que apenas rozó la garganta del húngaro. Ante la exageración del jugador local, el árbitro alemán Markus Merk, celoso y antojado de protagonismo, expulsó al argentino. Solo 45 segundos de acción. Roja por un simple forcejeo.
El resultado quedó 2 a 1 en favor del combinado nacional, con goles de Maxi Rodríguez y Gabriel Heinze. Aunque eso fue anecdótico. Las cámaras estuvieron detrás del prospecto esperanzador y su torcida jornada. Desde que lo echaron, la tristeza lo dominó. Se marchó al vestuario confundido por la decisión del réferi y las lágrimas surgieron en las entrañas del estadio. En el camarín, el llanto fue en soledad hasta que entraron sus compañeros y el cuerpo técnico tras el cierre del cotejo.

Sobre ese momento, años después, confesó: “Pensé que no me iban a convocar más. Se me cruzaron un montón de cosas por la cabeza. Entrar y que me echen fue terrible”. De todas formas, en el vestidor llegaron los consuelos y uno en particular sembró más calma que el resto. “Son cosas que pueden pasar. Esto no cambia la opinión que tenemos de vos. Vas a seguir con nosotros”, le explicó Hugo Tocalli, ayudante de campo de Pékerman y formador histórico de las Juveniles de la AFA.
Aquellas palabras de Tocalli fueron ciertas. Luego siguieron más de 20 años de relación entre Messi y la Selección Mayor. Un viaje difícil, con finales perdidas y colmado de vicisitudes, pero con dos valores primordiales: el amor por la camiseta y el hambre de gloria. Allí se radicó la vigencia del astro. Bicampeón de América, consagrado en la Finalissima ante Italia y dueño del mundo en 2022, el héroe, de pasiones similares a las del chico que debutó contra Hungría, está cerca de terminar su camino. Quizá sea la hora de descansar.
Por: Pablo Garro - Egresado de Periodismo Deportivo Integral de la Escuela de Artes, Medios e Innovación de la UNLaM
