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Por Leandro Lacoa, Emiliano Suárez y Gabriela Guibaud
Hay un rasgo especial que los caracteriza. Son personas que, cuando se topan con un desafío, no se quedan con los brazos cruzados. Es la capacidad de pensar los problemas cotidianos y buscar sus posibles soluciones la que los diferencia de los demás.
Incluso, en La Matanza, los inventores se destacan por dejar volar la creatividad y hacer que las dificultades se conviertan en una oportunidad única. Con ese don, herederas de inventos argentinos tales como el dulce de leche, el colectivo y la birome, sus creaciones buscan espacio para formar parte de la vida cotidiana.
El gran inventor
Uno de los máximos referentes de los inventores en el país vive en Lomas del Mirador. Actual presidente de la Asociación Argentina de Inventores, José Fandi dedicó la mayor parte de su vida a pensar en las necesidades de su entorno. “Inventar significa tener inquietudes todo el tiempo”, asegura el arquitecto naval, quien ostenta el récord de innovaciones patentadas en el país: cien, en total. Entre ellas, se encuentran la “casa rodante flotante” y el sistema de accionamiento para sifones descartables. Pero su invento de mayor trascendencia fue, sin dudas, uno de características muy sencillas.
Cuando tenía 19 años, Fandi ideó un objeto de goma vulcanizada que se utiliza como implemento de limpieza, que tiene una producción anual de 25 millones de unidades y que se encuentra en casi todos los hogares: el secador de piso de una sola pieza.
“Me cansé de que mi mamá me pidiera que le reparara su viejo secador”, aquel que estaba formado por un listón de madera, con una goma clavada, y que se podía conseguir en los almacenes de la década del '50, recuerda el inventor.
Hoy, con 85 años, Fandi se considera una persona con la “mente inquieta”, que se complace cuando se encuentra con desafíos. “Cuando al inventor se le presenta un problema, es como ponerle un rompecabezas", manifiesta.
Pese a que cree que “los premios no tienen importancia para desarrollar un producto de envergadura”, once años atrás, fue gratificado con veinte mil pesos por la creación de un “semáforo inteligente”, capaz de advertir sobre cortes de tránsito y sugerir caminos alternativos a través de un cartel luminoso.
Entre sus creaciones, también, se halla la “silla maletín” que, como su nombre lo indica, tiene el aspecto y la función de un maletín, pero que, cuando resulta necesario, puede utilizarse como asiento. “Estaba haciendo una fila interminable y pensé que necesitaba algo en donde sentarme, pero que, a su vez, se pudiera trasladar con elegancia”, contó, con total naturalidad.
Academia de inventores
La Escuela Técnica Nº 7, de Gregorio de Laferrere, se erige como un “semillero” de inventores en La Matanza. Sus alumnos se inscriben, cada año, en la Feria de Ciencias del Distrito y sus proyectos generan el reconocimiento de los jurados.
El año pasado, presentaron su última idea: el “Motorhull”, un casco de ciclomotor que “no permite el funcionamiento del rodado si el motociclista no lo lleva colocado”, explica el profesor Fernando Mafuche, jefe de las materias técnicas del colegio.
La participación en la Feria genera mucho entusiasmo entre los estudiantes y el compromiso que estos asumen es tan grande que, en una oportunidad, indagaron sobre las necesidades de las escuelas especiales del Partido. Y, como resultado, idearon la realización de lo que denominaron el “Elevador Ergonómico”, un puente grúa que se instala en un baño y sirve para que las personas con discapacidad motriz se puedan movilizar desde su silla de ruedas hasta un inodoro o una bañera, por medio de un arnés.
Cuando solo era un plan, el proyecto fue elegido como uno de los 15 mejores a nivel nacional y recibió un subsidio económico que permitió llevarlo a cabo. Hoy, está instalado en la Escuela de Educación Especial N° 507, de Isidro Casanova.
Los jóvenes, también, crearon un bastón para ciegos que detecta el agua y los obstáculos a través de un sensor. El dispositivo está acompañado por una gorra que cumple la misma función, pero que aun se encuentra en etapa de diseño y a la espera de recibir el apoyo que lo convierta en realidad. “Tenemos muchos proyectos listos para fabricar, pero no podemos hacerlos porque no contamos con el dinero”, lamenta Mafuche.
Siempre en actividad
“El inventor es una persona que no está conforme con todo lo que existe en su medio”, expresa Orlando Poletti, vecino de Tapiales, de profesión técnico mecánico e inventor en los tiempos libres.
Con 48 años, asegura que el secreto para alcanzar el éxito es “estar siempre activo”, con la inquietud de encontrar una respuesta a “las necesidades que no están resueltas”.
Una de sus creaciones más releventes es un portalámparas que permite acoplar el foco a presión, sin la necesidad de tener que enroscarlo. “Con este artefacto, se pueden evitar muchos peligros, como que las lámparas se traben o que personas con discapacidad tengan que esforzarse para colocarlas”, remarca.
Ingenio “al límite”
Una silla plástica completamente pensada en Isidro Casanova fue uno de los objetos ganadores del concurso INNOVAR 2009. La “Silla Boggie” es una poltrona de plástico reforzado con fibra de vidrio, de uso exterior y estilo elegante, que les permitió a sus creadores recibir un premio de 15 mil pesos.
“Conseguimos un diseño que exige al límite las posibilidades del material utilizado”, asegura uno de sus inventores, Ezequiel Giorgi.
Actualmente, la están vendiendo vía Internet y en algunos locales de muebles sofisticados de Argentina. Ya tienen preparada su primera exportación a Inglaterra.
TRES CREACIONES MADE IN LA MATANZA
Casa rodante flotante
Es un vehículo que tiene el diseño de una lancha convencional, pero que, al llegar a la costa, se convierte en una casa rodante. Tiene ruedas similares a las del fuselaje de un avión.
Autor: José Fandi, de Lomas del Mirador.
Silla Boggie
De plástico reforzado con fibra de vidrio, la silla tiene un diseño excéntrico que pone al límite las posibilidades técnicas del material con el cual está elaborado.
Autores: Ezequiel Giorgi, Darío Polaco y Diego Wessie, vecinos de Isidro Casanova.
Motorhull
Un casco que impide que la moto se ponga en marcha si el conductor no lo lleva puesto. Funciona con un sensor que emite una señal al arranque para que se habilite la combustión.
Autores: alumnos de la EET N° 7 de Laferrere.
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