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Por Jorge Fuentes
El hincha de la Selección jamás imaginó que después de los cuatro goles de Alemania podía venir algo peor en el corto plazo. Fue un error pensar eso. Porque ni siquiera pasó un mes y ya estamos presenciando uno de los papelones más grandes que se hayan originado alrededor de la camiseta celeste y blanca.
Y curiosamente, los tres protagonistas de esta penosa historia son los que encabezaron, cada uno desde su lugar, la máxima epopeya del fútbol argentino en 1986, cuando Argentina abrazó la Copa del Mundo en el Estadio Azteca de México.
Han pasado 24 años y Julio Grondona, Carlos Bilardo y Diego Maradona ya no tienen la relación de entonces. Por aquella época, los tres lideraron la resistencia a las críticas feroces de la prensa y de los hinchas, varias de ellas malintencionadas, a un equipo que antes del Mundial de México jugaba, en verdad, de mal a muy mal.
Pero ahora la situación es muy distinta. La eliminación en Sudáfrica terminó desnudando un sinfín de desprolijidades, miserias y agachadas que generan vergüenza. El comunicado leído por Diego Maradona, en el que acusa de “mentiroso” a Julio Grondona y de “traidor” a Carlos Bilardo blanqueó una pésima relación que viene desde hace tiempo, que se sostenía solo por algunos buenos resultados y que ante el primer traspié se iba a derrumbar como un castillo de naipes.
Las respuestas a Diego, por supuesto, no se hicieron esperar. “Yo no le mentí. Le dije que estaba conforme y que tenía que seguir. Lo que se malinterpretó es que las condiciones no eran las mismas. Era imprescindible hacer algunos cambios”, se defendió Grondona, quien como no se animó a echar a Maradona, lo empujó a renunciar al querer sacar a sus ayudantes.
Bilardo también dijo lo suyo. “¿En qué lo traicioné? Maradona no es el culpable, son los bichitos que tiene al lado. La AFA es cosa seria, no podés llevar a tus amigos al trabajo”, castigó en su programa de radio. También intentó aclarar por qué no renunció, tal cual lo había dicho luego del 1-6 con Bolivia si Diego era despedido. “Me sacaron de contexto. Eso lo dije cuando perdimos con Bolivia y querían rajar a todos. Si a Diego lo echaban, yo me iba. Pero no lo echaron”, argumentó.
Maradona, en tanto, tampoco puede quedar como el inocente de esta historia. Su clásica actitud provocadora fue recrudeciéndose durante su proceso como DT. Fue una provocación confinar a Carlos Bilardo a un papel decorativo y no realizarle jamás alguna consulta futbolística. “El Narigón debe estar de traje y corbata en la platea, junto a Grondona, y no en el campo de juego. Ahí estamos el cuerpo técnico y los jugadores”, lo ninguneó días después de haber conseguido la clasificación en Montevideo y de aquel recordado abrazo con su ex DT.
Y fue una provocación no dejar entrar a dirigentes y darle vía libre a Oscar Ruggeri a la concentración de Pretoria, sabiendo la enemistad manifiesta que existe entre el presidente de la AFA y el Cabezón.
Tampoco hay que creer que entre Julio Grondona y Carlos Bilardo está todo bien. Hoy sí parece estarlo, pero ya han estado distanciados, cuando el Doctor expresó sus deseos de ser presidente de la AFA. Y eso no ocurrió hace mucho…
A esta penosa historia le faltan, seguramente, algunos capítulos más. Diego Maradona está negociando con algunos canales de TV para seguir ensuciando a sus amigos de ayer y enemigos de hoy (estaría en el programa de Susana aunque aun no está confirmado). El lunes que viene, Bilardo también ofrecerá una conferencia de prensa para agregar más leña al fuego. Y Don Julio sigue mirando como “todo pasa”. Y lo que pasa es una situación vergonzosa de la que él es gran responsable.
Al final, había algo peor que el 4-0 de Alemania. Mucho peor. Que la camiseta de la Selección sea mancillada como está ocurriendo duele más que cualquier goleada en contra.
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