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LA SITUACIÓN SE AGRAVA LOS FINES DE SEMANA

Guardias matanceras: con un sistema al borde del colapso

Médicos agotados, personas heridas de bala o por accidentes de tránsito son el combo que ofrecen las guardias nocturnas del Partido. El1 recorrió los hospitales públicos del Distrito y pudo comprobar que la deficiencia en la infraestructura, la falta de recursos y la escasez de personal convierten sus noches en un verdadero caos.

Por Natacha Misiak, Melisa Marturano y Alejandro Moreyra

Son las doce y cuarto de la noche y la tranquilidad que reinaba en el Policlínico de San Justo se convierte en adrenalina. Un enfermero robusto trae sobre sus hombros a un señor mayor que acaba de tener un infarto. El jefe de guardia abandona la lectura de un complicado manual de anatomía y se levanta de su silla con una rapidez que parece entrenada; el cirujano deja de animar al público presente con anécdotas de quirófano y corre tras él; las enfermeras interrumpen, por unos momentos, el cuidado de los pacientes.

En cuestión de segundos, cuatro integrantes del equipo médico se reúnen en el shock room, una sala destinada a asistir a los pacientes más graves durante las primeras horas pero que, a falta de servicio de internación, se convirtió de habitación permanente de dos enfermos. Por eso, la atención es un tanto improvisada y los nervios se incrementan.

Los médicos de más experiencia se hacen cargo de la situación y comienzan a reanimar al anciano con los elementos de que disponen, principalmente, sus manos. La vocación de servicio se cristaliza en esta situación: el aliento al convaleciente -que está inconsciente y no puede oírlos- y el ahínco con el que masajean su pecho, en búsqueda de que su corazón vuelva a latir, son los protagonistas de esta escena. Del otro lado de la puerta, la familia espera angustiada. Luego de una hora de trabajo agotador, los médicos reciben la ayuda de un equipo de terapia intensiva móvil, que trae, por fin, el imprescindible electro shock.

Sin embargo, 30 minutos más tarde y cuando los profesionales ya dejaron todas sus fuerzas en la sala, llega el peor desenlace. El saldo, más allá de la muerte, es evidente: los médicos trabajaron con los pocos recursos que tenían, exigidos por una complejidad a la que no le pueden hacer frente con la infraestructura que tienen a su alcance, en medio de un espacio físico que debería estar libre y no ocupado por pacientes crónicos que son rechazados por otros nosocomios.

Así se viven las noches en los hospitales del Partido, peleando para que las deficiencias del sistema sanitario no afecten la prestación del servicio.

Con pocos médicos
A las guardias matanceras les sobra crudeza por donde se las mire. Allí, se unen las falencias de un sistema de salud que no puede contener a la enorme cantidad de pacientes, y un plantel médico que debe hacer malabares para tener un sueldo digno, acumulando horas y horas de guardias semanales.

Inevitablemente, todo esto se acentúa durante los fines de semana, cuando, por momentos, la atención se encuentra a un paso del colapso. “Las guardias de los viernes, sábados y domingos son las más concurridas, porque, a la consultas que recibimos durante la semana, se les suman otros casos. Generalmente, a partir de las cinco de la tarde, empieza el gran 'candombe': llegan baleados, acuchillados y accidentados. No hay que olvidarse de que, aquí, el factor económico también influye mucho”, graficó Carlos Guaglianone, jefe de guardia del hospital Paroissien, de Isidro Casanova.

Al depender de la administración provincial, este establecimiento recibe a los pacientes de emergencia que son asistidos en la vía pública o en sus domicilios por los médicos de los hospitales municipales, que deben repartirse entre estas tareas y las guardias de sus propios nosocomios.

Por eso, la situación del Policlínico Central de San Justo- dependiente de la órbita municipal y receptor del 56 por ciento de los pacientes que se atienden en los centros de salud locales-, es alarmante. En las guardias nocturnas del sábado y del domingo, hay solo cuatro doctores, cuando debería haber, por lo menos, siete. “Desde hace más de cinco o seis años, la falta de médicos es crónica, entonces, cuando la atención colapsa, colapsa en serio. Esta saturación, hace algún tiempo, era una excepción, pero, hoy, es lo más frecuente porque cada vez hay más gente y menos médicos para atenderla”, resaltó Horacio del Villar, jefe de guardia de dicha unidad sanitaria.

Pero hay situaciones que evidencian que la crisis no es exclusiva de los hospitales públicos: “Muchas veces, las ambulancias del sistema privado nos traen sus pacientes acá, o terminamos haciendo coberturas para PAMI, porque están sobrecargados y los abuelos no pueden comunicarse, lo que agrava nuestra situación”, completó del Villar.

Incluso, pacientes de pre-pagas de renombre, a veces, deciden atenderse en el Policínico. “Hace poco, tuvimos una mujer que contaba con cobertura y no declaró su obra social”, recordó otra de las médicas del Policlínico, Claudia Cardoso, quien atribuyó esta insólita situación a que “en muchos lugares, la gente le sigue teniendo más confianza al sistema de salud público”.

Sin camas para internación
La débil infraestructura que caracteriza al Policlínico Central es otra de las realidades que complica la atención: lo único que funciona es el servicio de guardia, dado que el resto del edificio -que cuenta con quirófanos, una sala de internación de cirugía y clínica médica, sumados a los servicios de obstetricia y neonatología- está siendo refaccionado desde hace dos años, aunque, en un principio, se suponía que los trabajos durarían entre tres y cuatro meses.

“En este momento, hay cuatro camas de internación en la guardia, dos de ellas ocupadas por dos enfermos que tienen patologías que no deberían ser tratadas en una guardia, pero que están aquí porque no se consigue derivación”, reprochó del Villar.

Las demoras en el traslado de un hospital a otro responden al déficit en la cantidad de camas disponibles. Es que, para los dos millones de habitantes del Municipio, hoy, hay solo 900 plazas disponibles, cuando, según el secretario de Salud local, Luis Eizaguirre, “se necesitarían, al menos, 2.000 más”.

Esta situación también se evidencia en el hospital Paroissien, el único, en toda La Matanza, que cuenta con un servicio de guardia de psiquiatría: “En estos momentos, las 14 camas de internación que tenemos allí están cubiertas. Si uno piensa en la proporción de camas en relación a la población, se da cuenta de que es insuficiente. Hay gente que llega a quedarse hasta ocho días en la guardia y esto pasa, sobre todo, en el área de salud mental”, resaltó Guaglianone.

Paradojas de la profesión
Otro de los problemas con el que conviven los médicos es el stress. “La violencia que vemos en la gente me modificó psíquicamente. Por ejemplo, tuve que iniciar una causa por amenazas contra un hombre que agredió a su mujer, la prendió fuego con alcohol y ella, apenas el marido se alejó, nos avisó lo que estaba pasando. Él había dicho que se había quemado con agua caliente, pero era mentira”, recordó Borriño.

Pero, además de vivir lidiando con la violencia o las situaciones de emergencia, las jornadas laborales son más extensas de lo que cualquier cuerpo puede resistir. “Algunos médicos llegan a hacer tres guardias semanales, y eso los deteriora mucho al final de su carrera. El trabajo del médico es insalubre porque es el único que tiene una guardia de 24 horas. Por eso, la lucha actual es que hayan guardias de doce horas y, así y todo, estamos cometiendo un error, porque el horario normal de trabajo es de ocho”, aseveró Guaglianone.

Así las cosas, pareciera que, además de las personas que llegan a las guardias matanceras en busca de atención, el que está en emergencia es el sistema de salud local. ¿Alguien tendrá la cura para esa enfermedad?

Los números del sistema de salud
33 por ciento del total del presupuesto municipal se destina al sistema de salud local.
183.470 millones de pesos es la cifra destinada a la salud pública durante este año, monto aprobado por el HCD en 2009.
4 hospitales son los que debe administrar la Secretaría de Salud de La Matanza.
2 hospitales más hay en La Matanza, dependientes del gobierno provincial.
60 por ciento de las camas hospitalarias del Partido dependen de la comuna.
50 por ciento de los matanceros cuenta, exclusivamente, con la atención que recibe en los hospitales públicos.
900 son las camas disponibles para los habitantes del Distrito, sumando las de los hospitales municipales y provinciales.
2.000 más, como mínimo, serían las plazas de internación ideales para poder hacer frente a la demanda de la población.
700 pesos cobran los médicos que trabajan en las guardias de 24 horas los días de semana.
800 pesos es lo que perciben si las realizan durante los fines de semana.

Una siesta ... ¿reparadora?
Para poder soportar las larguísimas jornadas de trabajo, y si la cantidad de pacientes lo permite, los médicos suelen turnarse para poder tomar un breve descanso y recargar energías para poder seguir trabajando. Sobre todo, si se tiene en cuenta que muchos de los profesionales que trabajan en las guardias suelen continuar con sus jornadas laborales una vez que finalizaron sus turnos de 24 horas. Sin embargo, en el Policlínico, las habitaciones que deberían garantizarles un sueño reparador están plagadas de manchas de humedad y, según los profesionales, hay algunas que hasta tienen pulgas.

La ley en el desorden
Entró en mayo del '85, con 23 años, para custodiar cadáveres de NN, que, según se presumía, habrían pertenecido a víctimas de la dictadura. En todo este tiempo, Norberto Godoy, el policía al que todos quieren en el Paroissien, vio de todo: heridos de bala, mujeres desangradas por abortos y hasta un hijo que mató a su propio padre con un arma de fuego en la guardia. “Tuvimos que esperar a que se le vacíe el cargador, porque el chico estaba en pleno brote psiquiátrico y no paraba de disparar”, recuerda.

La función de Godoy, apodado “Matute” por médicos y enfermeras, consiste en registrar los ingresos de casos que requieren intervención policial, algo que, en el nosocomio de Isidro Casanova, es muy habitual. Su oficina está equipada con una primitiva máquina de escribir, por eso, su gran anhelo es contar con una computadora que le permita agilizar su labor. “Los médicos trabajan demasiado; así y todo, a veces, los pacientes los insultan y quieren agredirlos y yo tengo que evitarlo. Les explico que hay pocos profesionales y que no se puede levantar el teléfono y pedir más porque esto no es un delivery”, grafica Godoy y analiza: “La gente no comprende la situación porque se alimenta de series de televisión sobre médicos, que ofrecen una imagen muy distinta a la real”.

Los materno-infantiles, también en emergencia
El Municipio de La Matanza, además de ser responsable de la atención que se brinda en el Policlínico Central, cuenta con otros tres hospitales, también dependientes de la gobernación local, con los que se intenta hacer frente a una demanda que crece, a la par de la cuantiosa población del Partido. En ese sentido, las guardias de los hospitales materno-infantiles José Equiza, de González Catán, Teresa Germani, de Laferrere, y el municipal del Niño, ubicado en San Justo, son testigos del colapso del sistema sanitario.

“Acá, siempre rebalsa la guardia pediátrica, todo el día y toda la noche y, sobre todo, en esta época, con las enfermedades respiratorias. Además, las doce camas que tenemos son insuficientes; de hecho, estamos utilizando supernumerarias, porque tenemos toda la internación completa”, critica Enrique Arribas, jefe de la guardia pediátrica del Germani.

Como si fuera poco, en estos nosocomios también se evidencia la falta de profesionales que afecta a todas las unidades sanitarias matanceras, sobre todo, “por las zonas en las que estamos y porque, en este momento, estamos mal remunerados en comparación con otros lugares”, completa Arribas, al tiempo que resume: “Hay guardias en este hospital en las que, muchas veces, hay dos médicos e, incluso, uno solo. Entonces, intentamos cubrirnos entre nosotros, pero llega un momento en que uno claudica, porque no podés hacer cuatro o cinco guardias en una semana; el cuerpo no da”.

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Fecha de Publicación: 2010-07-25
Fuente: El1

Comentarios

Nro. 1
STELLA MARIS GIOSSI
2010-07-31 | 13:16:00

Y BUENO PERO TENEMOS UN INTENDENTE QUE A TODO ESTO ESTA AUTISTA, Y EN LUZURIAGA SE VA A REMODELAR UNA PLAZA CON UN PRESUPUESTO DE $ 740.000.- MATANZA AVANZA AL CAOS TOTAL.

Nro. 2
JADRANKA JURAIC
2010-07-30 | 16:07:45

y que hace el intendente espinoza, con los impuestos que se recaudan, a que bolsillo van a parar. por favor. cada vez peor todo en la Matanza.

Nro. 3
jose luis
2010-07-28 | 20:47:41

Yo me pregunto donde esta la plata q se destina hacia salud ya q no hay insumo y los sueldos son muy bajos por eso no hay medicos

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